Vulnerabilidad.

Por Gabby Hurtado


Hoy en día la palabra vulnerabilidad está por doquier, de manera tácita, o literalmente visible en periódicos o revistas de distribución masiva, en las redes, y en el quehacer diario.


Recientemente, se han publicado cientos de artículos y libros, así mismo, los medios de comunicación han realizado entrevistas a distintos personajes famosos y también a personas que se han sentido vulnerables en algún momento de sus vidas, y han querido compartir sus experiencias de manera pública para así ayudar o aportar ideas que asistan a otros tantos que quizá aún estén atravesando por momentos difíciles; y que los hacen sentir vulnerables.


Estamos viviendo tiempos convulsos y complicados, por consiguiente, se ha hecho más frecuente el tema de la vulnerabilidad, y el hecho de que se hable más a menudo acerca de la misma. ¿Pero qué es la vulnerabilidad?, ¿qué significa sentirse vulnerable? De alguna manera todos los seres humanos e inclusive los animales se han sentido vulnerables en algún momento o episodio de la vida. Partiendo de la definición que ofrece el diccionario de la RAE: Una persona Vulnerable es aquella, que con mayor riesgo que el común, es susceptible de ser herida o lesionada, física o moralmente. Es necesario entonces preguntarnos también ¿ante qué situaciones somos o nos hacemos/sentimos vulnerables?


Particularmente creo que la vulnerabilidad está siempre al acecho, esperando la oportunidad para atacar con toda la artillería posible y es allí donde debemos ser cautos y prevenir ser afectados por la misma. Conviene entonces recordar que se dice fácil, pero en ocasiones acecha por la espalda y nos derrumba haciendo gala de su poder.

Las enfermedades, (físicas o mentales) situaciones económicas deprimidas, ansiedad, miedo, violencia doméstica, abuso físico y psicológico, acoso, baja autoestima, discapacidad mental o física, decesos familiares, crisis de pánico, divorcios, desastres naturales, pandemias, entre otros, constituyen algunas de las razones del porque una persona puede sentirse vulnerable. En general, la salud mental, las condiciones de vida y las circunstancias ambientales que rodean al ser humano, repercuten en los niveles de vulnerabilidad.


Los niños y personas de la tercera edad representan la población con mayor riesgo, susceptibles a ser vulnerables. Sin embargo, nadie esta exento de este fenómeno. La psicóloga y escritora chilena Pilar Sordo, afirma que la fortaleza pasa por la vulnerabilidad; y que los miedos se disfrazan con el enojo. Podríamos interpretar entonces, que en ocasiones, seres humanos pensantes y racionales tienden a cubrir o camuflajear las emociones para ocultar la vulnerabilidad; ¿quizá a manera de protección?En este sentido, vale la pena añadir que sentirse vulnerable es para algunas personas señal de debilidad, y/o fragilidad. Cuesta mucho reconocer que necesitamos ayuda, y cuando la ayuda es ofrecida generalmente solemos decir: ¡Estoy bien!, yo puedo!, ¡solo necesito dormir! ¡Mañana estaré mejor! Evadimos el sentimiento de sentirnos vulnerables y pretendemos o fingimos que todo está bajo control. Error que en ocasiones pagamos caro y genera consecuencias fatales para nuestro sistema emocional.


Conviene destacar que la vulnerabilidad no solo afecta al género femenino, ella acecha silenciosa, no tiene rostro, no discrimina. En este sentido los hombres también pueden sentirse vulnerables ante situaciones diversas, la diferencia es que ellos (en su mayoría) ocultan ese sentimiento tan bien que puede pasar desapercibido, pero en la privacidad de sus pensamientos la sufren y padecen.


Ahora bien, conviene preguntarnos ¿Qué hacer ante este sentimiento? ¿podemos prevenir el sentirnos vulnerables? Desde mi punto de vista la respuesta es no. Es en definitiva necesario sentirla, experimentarla y abrazarla. La conferencista, académica y escritora estadounidense Brené Brown indica que la vulnerabilidad es el punto de partida de la creatividad, de la dicha, la pertenencia y el amor. Sin ella, por mucho que nos empeñemos no hay nada. Esta afirmación de Brown permite pensar que en nuestra vulnerabilidad está nuestra fortaleza, ella consiste en que la vida nos toque y nos mueva. Es sumamente necesario e imperante sentirla, enfrentarla y preguntarle con firmeza: ¿Qué es lo que ha venido a enseñarnos? ¿Qué beneficios o aprendizajes significativos vamos a obtener al permitirle invadir nuestro ser? Es preciso asumirla, enfrentarla y aceptarla, para luego dejarla ir y darle paso a un renacer de experiencias positivas producto de este trabajo emocional o redirección de emociones.


Lo anteriormente expuesto me trae de nuevo a estar en sintonía con Brené Brown quien afirma que “la vulnerabilidad no se basa en conocer la victoria o la derrota, sino en comprender la necesidad de ambas: es implicarse; es estar totalmente dentro”. La vulnerabilidad no es debilidad y la incertidumbre, el riesgo y la exposición emocional a los que estamos sometidos a diario no son opcionales. Nuestra única opción es implicarnos. Nuestra voluntad de reconocer y conectar con nuestra vulnerabilidad determina la fuerza de nuestro valor y la claridad de nuestro propósito; nuestro miedo y nuestra desconexión determinan el grado en que nos protegemos de ser vulnerables. Cuando nos pasamos la vida esperando ser perfectos o inmunes antes de salir al ruedo, sacrificamos relaciones y oportunidades que quizá sean irrecuperables, derrochamos nuestro valioso tiempo y tal vez le damos la espalda a nuestras aptitudes, a esas contribuciones únicas que sólo nosotros podemos hacer.


Ser perfectos e inmunes puede parecer muy atractivo, pero eso no existe en la experiencia humana. Hemos de salir al ruedo, sea del tipo que sea —una relación nueva, una reunión importante, nuestro proceso creativo o una conversación familiar delicada—, con el valor y la voluntad de implicarnos. En vez de sentarnos en el banquillo y dedicarnos a juzgar y a dar consejos, hemos de atrevernos a dar la cara y a dejarnos ver. Esto es atreverse, arriesgarse.

Obviamente esto es una tarea ardua que implica prácticas y retos diarios, tomando en cuenta que existen personas más susceptibles que otras de sentirse vulnerables. Sin embargo, la idea y nuestra contribución es crear un mundo mejor donde los más fuertes emocionalmente ayudemos o asistamos a los débiles. Pongamos en práctica la cooperación mutua y las interrelaciones personales libres de egoísmo y llenas de altruismo.



Seamos pues resilientes, empáticos y asumamos el reto de ser/sentirnos vulnerables para transformamos en mejores seres humanos.