Diez de septiembre



El cuerpo humano es una máquina perfectamente ensamblada para la vida. Cada célula conforma su propio microcosmo y dentro de ellas, gracias a los aportes de la microscopía electrónica y la biología molecular sabemos que ocurren innumerables procesos que nos permiten ser y estar.


Imaginen puntos marcados con un lápiz sobre un papel. Si los unen pueden trazar líneas, formas geométricas, intrincados laberintos o portentosos planos de rascacielos; así mismo ocurre con las células; al unirse, a medida que aumenta su complejidad, van a conformar tejidos, órganos, aparatos y sistemas.


El primero de enero de mil novecientos noventa y nueve, hace más de veinte años, realicé mi primera autopsia médico legal. Se trataba de un soldado que había sido encontrado sin vida en el patio de su casa.


Recién comenzaba mi postgrado y mi experiencia a la fecha giraba en torno a los estudios de pregrado, la rural y dos internados dirigidos en pediatría y medicina interna neumonológica; ergo, no tenía idea de lo que me esperaba en la sala de autopsia.


Para mi fortuna, el auxiliar técnico estaba muy bien entrenado y tenía paciencia infinita con los novatos como yo. Ese día para mí fue revelador e inolvidable. Por vez primera (de forma literal y con fanfarria), abrí un cadáver.


Si bien los textos con imágenes y actualmente la realidad virtual (3D) te muestra de forma casi perfecta los intríngulis de una necropsia, nada supera a la presencialidad.


En esa oportunidad pude explorar con detalle la majestuosidad de un cuerpo musculoso, saludable y bien preservado, con todos sus órganos in situs solitus (léase cada uno en su lugar), porque el joven, de apenas dieciocho años de edad, solo presentaba una herida única de proyectil, con trayecto anteroposterior y ascendente, el cual había dejado parte de su rostro y cerebro destruido.


El recuerdo de esa autopsia está presente desde entonces en mis pensamientos y en mi corazón, como señal y prueba inequívoca de que las respuestas a todas nuestras preguntas se irán revelando en el trayecto de la vida y de que la juventud, como escribió Rubén Darío, es un divino tesoro.


Desde el año 2003, cada diez de septiembre se conmemora el Día Mundial Para la Prevención del Suicidio.


El suicidio es definido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como el acto deliberado de quitarse la vida. Su prevalencia y los métodos utilizados varían de acuerdo a los diferentes países. Desde el punto de vista de la salud mental, los adolescentes poseen vulnerabilidades particulares, por su etapa del desarrollo1. Según la misma fuente, las muertes por propia voluntad representan la segunda causa de fallecimientos entre los jóvenes de entre 15 a 29 años, después de los accidentes de tránsito1


Cada año pierden la vida más personas por suicidio que por VIH, paludismo o cáncer de mama, o incluso por guerras y homicidios. En 2019, se suicidaron más de 700 000 personas, es decir 1 de cada 100 muertes, lo que ha llevado a la OMS a elaborar nuevas orientaciones para ayudar a los países a mejorar la prevención del suicidio y los cuidados conexos2


Constituye un problema de salud pública de extrema importancia en el continente americano, con alrededor de 65,000 defunciones anuales y una tasa de mortalidad de 7,3 por cien mil habitantes (x10 5) en el periodo 2005­-20093

Según los refiere J. Blanco Pampín4 la mayoría de los suicidios ocurren en el domicilio o en sus proximidades y en más del 50% de los casos existen antecedentes médicos (alcoholismo o drogadicción) y episodios depresivos.


Estimaciones del Observatorio Venezolano de Violencia arrojaron que entre 2017 y 2018 el número de suicidios pudo haber alcanzado entre 2648 y 2889 casos. La crisis humanitaria en Venezuela: la pobreza, la crisis alimentaria, el desempleo, el deterioro de los servicios públicos, entre otros, pudo influir en el aumento de casos5


¿Ser o no ser?, ¿vivir o morir?, si bien el suicidio es una decisión “libre y soberana” es tarea de todos mantenernos alerta en nuestro entorno, siendo cuidadosos y perspicaces para interpretar esos sutiles cambios (aislamiento, cambios de humor y rutinas, pensamientos suicidas, desprenderse de cosas personales, entre otros) que nos advierten a gritos que algo malo sucede en nuestro entorno o dentro de nosotros.


Klalil Gibran escribió “por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes”





Mi nombre es Elsie Picott. Soy médico cirujano, especialista en anatomía patológica, docente universitaria, escritora, activista defensora de los Derechos Humanos (DDHH) y presidenta de Hominem (Asociación Civil Sin Fines de Lucro cuyo propósito es la redignificación de los estudiantes de medicina).

@escritosdesdelasaladeautopsia








Referencias bibliográficas:

1.Organización Mundial de la Salud, 2000. Prevención del Suicidio. Un instrumento para los profesionales de los medios de comunicación. Disponible en: www.who.int/mental_health/media/media_spanish.pd).

2.Suicidio Mundial en 2019. Estimaciones en salud mundial. Junio 2021. Disponible en: www.who.int/publications/i/item/9789240026643».

3. Cristina Martí Amarista et al. Muertes violentas por homicidio y suicidio en Venezuela: ¿Es este un problema de salud pública? VITAE Academia Biomédica Digital. N° 65 enero-marzo 2016 (http://vitae.ucv.ve/pdfs/VITAE_5308.pdf)

4. J. Blanco Pampín. Suicidio por arma de fuego: hallazgos típicos y atípicos. Cuadernos de Medicina Forense Nº 24- abril 2001.

5.Yohana Marra. Crónica Uno. Observatorio Venezolano de Violencia (OVV). Disponible en: (https://observatoriodeviolencia.org.ve/news/suicidios-se-incrementaron-desde-que-inicio-la-cuarentena-segun-el-ovv/)


Imágenes cortesía de la Dra. María Angulo.