Tiempo

¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé. Pero si tuviese que explicárselo a alguien no sabría cómo hacerlo. (San Agustín)



Las frases que a continuación menciono, son algunos de los planteamientos que durante casi 50 años he venido empleando y escuchando de mi familia, amigos, compañeros de trabajo y de diferentes contextos en los que me he desenvuelto:


· Cuando tenga tiempo

· No tengo tiempo

· Se acaba el tiempo

· Aprovecha el tiempo

· No malgastes el tiempo

· Si no te apuras no te va a dar tiempo

· El tiempo pasa volando

· Eran otros tiempos

· Es tiempo perdido

· Con el tiempo todo se olvida

· Si tengo tiempo…

· El tiempo de Dios es perfecto

· Abrázame que el tiempo es malo y muy cruel amigo… (Juan Gabriel)

· El tiempo es relativo

· La vida está hecha de momentos

· Se acabó el tiempo

· Dale tiempo al tiempo

· Dame tiempo

· El tiempo es implacable

· El tiempo es oro

· El tiempo lo cura todo…


Al principio pensé que se trataba de un aspecto sociocultural y muy típico de los países latinos, pero escribiendo este artículo me he percatado que va mucho más allá de la cultura. Está relacionado con nuestras creencias, valores y costumbres; o ¿quizás hábitos? Y es algo intercultural.


Sea cual sea nuestra nacionalidad, género, ocupación o grupo etario, solemos repetir a diario frases como: Si tuviera más tiempo, se acaba el tiempo, debes/debo aprovechar el tiempo, no malgastes el tiempo, el tiempo de Dios es perfecto. Adicionalmente y como parte de nuestros hábitos miramos repetidamente el reloj de pared, el de nuestros teléfonos inteligentes, y/o el reloj de pulsera para cerciorarnos que vamos con suficiente tiempo para llegar al trabajo, al colegio, a la universidad, a una clase virtual, a una cita médica o a un encuentro social. Además, miramos el reloj para saber cuánto tiempo nos queda para salir del trabajo, colegio o universidad. En cuánto tiempo llegaremos a un lugar, en fin, empleamos la palabra tiempo durante casi todas nuestras vidas, y en nuestros diferentes contextos de vida familiar, laboral o académica. Incluso cuando estamos de vacaciones.


Con frecuencia empleamos un almanaque físico o digital (para organizar actividades, trabajo y no olvidar compromisos sociales o citas médicas). Contamos los días para nuestros onomásticos, navidad, vacaciones e infinidad de eventos. Vemos cómo crecen nuestros hijos, sobrinos, nietos y con frecuencia decimos: ¡Cómo ha pasado el tiempo!, ¡el tiempo ha pasado volando!, están tan grandes. Cuando vivimos un duelo por la partida de un ser querido deseamos haber tenido más tiempo para decir cosas que no dijimos, o para hacer cosas que no hicimos por falta de tiempo. Nuestro reflejo diario ante un espejo es una muestra del tiempo que ha pasado en nosotros dejando algunas líneas de expresión o aclarando nuestro cabello hacia tonos grises hasta finalmente tornarse blanco nieve.


Pero ¿qué es el tiempo? Al consultar la definición que ofrece la RAE, quedé absorta ante la amplia gama de conceptos que ofrece la Real Academia de la Lengua Española relacionados con el término. Y es que el tiempo está relacionado con las horas que marca el reloj, es el orden o secuencia de los sucesos (presente, pasado y futuro), implica edad cronológica, duración de una cosa, oportunidad u ocasión para hacer algo, aspectos climáticos, gramática (tiempos verbales). En fin, debo confesar que fue una ardua tarea decidir cuál definición podría tomar como referencia para diseñar mi propia definición o más bien mi descripción de la palabra tiempo.


Podría definirlo o describirlo entonces como algo intangible, abstracto. Y voy a dejar que sean mis lectores quienes con su imaginación le adjudiquen un ejemplo a cada situación que presento tomando como referencia sus propias experiencias:


En ocasiones el tiempo se puede saborear y me atrevería a decir que su gusto es dulce como la miel. No obstante, a veces podría ser amargo, y dejar un mal sabor por un periodo largo. El tiempo también puede ser cruel, villano, doloroso. Es polifacético, se puede convertir en tu mejor amigo, pero de manera intempestiva se torna un enemigo.


Implica esperanza, pero también desesperanza, algunas veces es gélido, otras cálido. Tiene la capacidad de hacerte reír, pero puede hacerte llorar también. Permite organizarte de manera sistemática en actividades laborales o cotidianas. Sin embargo, cuando no sabes distribuirlo de manera inteligente entonces se mofa haciéndote creer que no hay o que se esfuma, y en el peor de los casos te convences de que lo dejaste ir y no lo supiste aprovechar. Puede ser generador de miedo, ansiedad, gloria, alegría, tristeza. Te hace reflexionar. Puede ser lento, pero también pasa tan rápido que ni cuenta te das.


Y así el tiempo pasa, no se detiene. No espera por nadie. Lo añoramos, lo amamos, lo odiamos, lo anhelamos… y él, siempre victorioso, nos enseña, nos doblega, nos lleva, nos hace felices, nos hace miserables, nos lleva a la gloria, nos consume. Nos transforma…


Gracias una vez más al equipo de edición de la Revista digital “Mujeres con Visión”, por la maravillosa oportunidad de hacernos partícipes mes a mes de escribir y ofrendar nuestras creaciones literarias y nuestro tiempo, para aportar lecturas maravillosas para cada uno de nuestros lectores.



MCV

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