Mis Retos

por Gabby Hurtado





Durante un proceso de recuperación producto de dos intervenciones quirúrgicas en un periodo de 15 días recibí una llamada telefónica, llamada que se convertiría en uno de los retos más importantes de mi existencia.

Se trataba de una propuesta de trabajo. Tenía que volar 14 horas en avión y atravesar el Océano Atlántico hasta llegar al Reino Unido. La posición que ocuparía era la de niñera. Trabajaría en Londres para una familia venezolana-americana

Por supuesto, acepté, y aceptando la propuesta comenzó lo que yo llamo una larga cadena de retos…


Algunos fueron extremadamente difíciles, el aprendizaje de un nuevo idioma, el inglés de Inglaterra no se parece en nada al de los libros de textos que uno suele usar en educación secundaria en Venezuela. Tampoco tiene nada que ver los cursos que uno hace en distintas academias. La mezcla de acentos, nacionalidades y métodos de enseñanza hicieron mi aprendizaje del idioma un proceso difícil y traumático. En ocasiones sentía que estaba aprendiendo un idioma que era una mezcla entre mandarín, ruso y árabe con matices de otras lenguas inexistentes.


Otros retos fueron un poco más fáciles, pero no dejaban de ser retos. El crear sentido de pertenencia y empezar a ver a este país como si fuese propio. La adaptación a un nuevo estilo de vida, adoptar costumbres inglesas como: hablar de lo lindo o lo horrible que puede estar el clima en un determinado día. Debo confesar que los primeros días me causaba mucha gracia ver y oír las frases inglesas “What a lovely weather” “The sun is shiny today” “It’s beautiful outside”. Sobre todo, porque para ese entonces contaba con 40 años viendo el sol brillar a diario en mi país de origen. Tiempo después comprendí que las particularidades de las condiciones climáticas en UK hacen que llegues a apreciar el más ínfimo rayo de sol. El tomar una taza de “tea” y pedirlo al estilo británico. Y así más que retos, fui adaptándome a esta tierra y la transición fue en líneas generales fácil.


Poco después de 11 meses viviendo aquí, recibí vía telefónica la noticia de la muerte de mi madre. Fue devastador no poder asistir a su funeral y estar con mi familia en esos momentos de duelo y nostalgia. Es entonces, cuando me enfrento al reto de aprender a vivir lejos y asumir las consecuencias de emigrar. Especialmente porque cuando me vine la primera vez hice planes de quedarme un año y regresar a venezuela. Pero una vez aquí, la sensación de no retorno me invadió para siempre.

A medida que transcurrían los años me veía haciendo muchas cosas importantes. Además de mi trabajo como niñera, soñaba con ejercer mi profesión como profesora de educación especial. Era un reto ambicioso, especialmente porque cuando tienes tal pretensión en este país debes demostrar que puedes y tienes las herramientas académicas y la experiencia para ello. Pero como todo inmigrante debes comenzar con un bajo perfil, muy a pesar de que ya tenía dos títulos universitarios. En ocasiones cuando emigras, probablemente debas engavetar esos diplomas y sacarlos a pasear por tus recuerdos cuando no tengas otra cosa importante en que pensar… Pero este no fue mi caso. Pues bien, asumí el reto y con él las ganas de aprender y de mejorar cada día más.


Tiempo después otros decesos en mi familia vinieron a enlutar mi vida nuevamente. Dos de mis hermanos mayores fallecen el mismo año con una diferencia de apenas 6 meses. Lágrimas, desolación, duelo, nostalgia y la más infinita tristeza se apoderaron de mi vida emocional. Esta vez, el reto era superar el duelo y seguir adelante. Quizás lo más difícil fue aprender a ver la muerte como parte de la vida. Pero contradictoriamente la vida, Dios, el destino o como quieran ustedes llamarle, me ha sonreído todos estos años y me ha llenado de valentía, coraje, determinación y constancia para salir adelante.

En ocasiones suelo compararme con otros inmigrantes y creo sin temor a equivocarme que he sido privilegiada en muchos aspectos. Mi paso por escuelas de educación especial solo duro 4 años. Un buen día decidí que ya era suficiente. Deseaba continuar trabajando en el sistema educativo pero esta vez como profesora de español como lengua extranjera.

Uno de los mayores retos. Un desafío gigante, que me asustaba por las noches, y me decía que estaba a punto de nadar en aguas profundas. Sabía que no sería fácil. Pero es que para ese entonces era adicta a saborear el éxito y la satisfacción de lograr lo que otras personas me decían que era imposible.


Para ello me capacité y me formé en distintas instituciones acreditadas. Una vez finalizado el entrenamiento, el siguiente paso era buscar, aplicar y encontrar el empleo. Educación primaria era lo más accesible debido a mi previa experiencia.

Pues bien, el día tan anhelado llegó y empecé a trabajar como profesora de español en una escuela primaria. Unos meses después llega el Covid19 y lo que era mi trabajo soñado se desvanece de la noche a la mañana.

Llegaron entonces nuevos retos. La enseñanza en línea, algo que he tenido que aprender y reaprender. Al principio tenía miedo, inseguridad, poca confianza en mí misma. Pero era imperante mantenerme ocupada para asumir el reto del confinamiento sin enloquecer. Así que asumí el reto con paciencia, perseverancia, amor y mucho sentido del humor. Me quedaba hasta altas horas en la noche practicando el uso de diferentes plataformas y recursos que hicieran mi proceso de enseñanza útil, productivo, pero a la vez divertido. Fueron muchas las situaciones divertidas que experimente con mis estudiantes, creo que podría escribir un libro que titularía: Historias divertidas durante las clases de español en tiempos de confinamiento.


Los días pasaban lentos, otros no tanto. Hasta que llegó el reto más reciente: Una nueva posición de trabajo, pero esta vez en educación secundaria. ¿Adultos? ¡Esto es muy complicado! Exclamé en mi primer día de trabajo.

De nuevo el miedo, la inseguridad y la poca confianza en mí misma se apoderaron de mí. Sin embargo, me habían contratado y el reto esta vez era demostrar la calidad de mi trabajo y mis habilidades como profesora de español. ¿Quién dijo miedo? De nuevo estaba ante las puertas de un coloso que se pintaba aterrador pero tentador. Lo más curioso y significativo era que un departamento de idiomas modernos de una prestigiosa institución educativa, yo resulté ser la única nativa del idioma español.

Todos los demás profesores son ingleses, irlandeses y franceses. Para ellos; tenerme como nativa en el departamento es una bendición. Entonces el reto se duplicó. La responsabilidad por mejorar cada día y alcanzar la excelencia en mi labor docente está más presente que nunca.


La vida está llena de retos, el hecho de estar vivos es en sí mismo el mayor reto que podemos enfrentar. Constantemente se nos presentan retos y nuestra elección es asumirlos o evadirlos. Cuando los asumimos nos hacemos fuertes y adquirimos el coraje para enfrentar nuevos desafíos.

Creo saludable salir de la zona de confort cada vez que sea posible y demostrarnos a nosotros mismos cuan capaces somos de asumir nuevos retos o desafíos. Eso nos mantendría en una constante transformación y evolución.

Finalmente, y tomando como referencia la cita del galardonado actor cinematográfico - Morgan Freeman

Desafíate a ti mismo; es el único camino que conduce al crecimiento”-

RETOS. Edición junio 2021 revista digital Mujeres con Visión.


Gabby Hurtado

Profesora de Español como Lengua Extranjera en London, UK

Ig @gabbyhurtado70