Me desperté...


por Angélica López


De repente me desperté por un escándalo que escuchaba. Estaba como dormida cuando me levanté, abrí la puerta del cuarto y caminé tan solo unos pasos para abrir la puerta de entrada del departamento. Al hacerlo, además de la bulla, vi una sábana en la base de mi puerta y con voz un tanto alta exclamé: “¿qué es esto?”. Mi vecina se asoma y me dice: vecina tengo una rata en el departamento. Arrugué la cara y me puse las manos en la cabeza, además me acordé que había salido sin mascarilla... ella volvió al suyo y yo entré a la casa tratando de cubrir la base de mi puerta con alguna tela. Hoy parecía que la ranura era más grande, se despertó mi esposo y fue justo a tiempo, pues se comenzó a filtrar, por debajo de la puerta, una rata como recién nacida, pues era muy flaca y de un color rosado muy pálido. Chasss, un solo golpe, escuché un sonido terrible, me dio asco y sentí dolor, pues la habíamos matado, en ese momento pensé que todo había acabado.


Tras unos pocos segundos, y sentada en el piso, me volteé y me percaté de algo realmente increíble; mi pequeña sala, unida a la cocina, estaba abarrotada con un escritorio (adicional al mío), un sofá (adicional), todo amontonado, un desorden total, unos puff que ni tengo y cuatro personas hablando y viendo el celular, casi todos conocidos míos… me dijeron: ¡Hola! Oye, discúlpanos por haberte despertado. Yo aún no salía de mi asombro, me pregunté ¿qué hacen aquí? ¿cuándo entraron? Y fue cuando ya no pude contenerme, grité: ¿Por qué están en mi casa? ¿Cómo entraron? Una de las personas, llamada Andi, me dice: Amiga mía es que no tenemos donde quedarnos y pensé en ti, sabía que podíamos contar contigo; giré hacia ella y le dije: ¿Cómo se te ocurre aparecerte en la noche en mi casa y sin previo aviso o al menos preguntar?... Me dijo, recuerda que un día te hospedamos, yo les dije…no me hospedaste, primero conversamos y te alquilé una habitación, con condiciones y un contrato de por medio… y sí, te estoy agradecida, pero eso no significa que vengan a invadir mi casa; no les da ningún derecho; yo no tengo la culpa y además mi apartamento es pequeño, aquí no caben y mucho menos con un desastre como el que tienen y creyendo que esta es su casa… si no salen de inmediato llamaré a las autoridades, respiré. Comencé a sacar uno a uno los objetos, estaba muy molesta y aturdida… fui colocando las cosas en el pasillo, Andi se molestó también y me dijo tantas cosas que no puedo creerlo, éramos amigas; o al menos eso pensaba yo.

Desconcertada y diciéndoles que salieran de mi casa, me desperté exaltada.


Esto, en mi caso, fue tan solo un sueño, una pesadilla que en todo momento me pareció real; sin embargo, en distintos países esto está ocurriendo, extranjeros o personas del mismo país se han dado a la tarea de invadir la propiedad, es cierto, hay mucha necesidad, pero ¿cómo te sentirías si te pasara algo así?. Es muy fácil esperar que los demás resuelvan tus problemas, es muy fácil delegar tu responsabilidad (o al menos creer que es así) o achacar a otro lo que te ocurre. Siéntate por un momento, pide sabiduría a Dios y toma la mejor decisión. Sí, es cierto, hay tiempo para dar y tiempo para recibir. Si eres de los que dan … sigue haciéndolo. Si eres de los que reciben recuerda no exigir más. Si eres hijo o hija, jamás dejes de lado a tus padres ni abuses de ellos; si eres padre o madre jamás complazcas en todo a tus hijos, pero tampoco abuses de ellos. Si eres alguien que está en casa de otro, asegúrate de cumplir los acuerdos establecidos (sean formales o no), colaborar y ser siempre quien suma. Seas quien seas, seamos quienes aportan, y ese aporte no necesariamente es económico, puede ser conductas, actitudes, entre otros.

Demos siempre lo mejor, pero también al recibir hagámoslo con humildad, no auto humillados sino con el corazón… en fin, dejemos de actuar como no nos gustaría que los demás se comportaran con nosotros.


Angélica López

Venezolana