Lo que nos enseñan las Águilas


Recuerdo cuando mi hija mayor estaba aprendiendo a caminar, tenía 10 meses cuando dio sus primeros pasos, todos estábamos fascinados porque era la primera nieta y la primera sobrina en mi familia, así que toda la atención estaba sobre ella, sus logros por muy pequeños que fueran eran un motivo de orgullo y felicidad en nuestra casa aunque eso incluyera unas cuantas caídas y un par de lágrimas. También recuerdo cuando una gran amiga que considero hermana tuvo que emigrar a Estados Unidos buscando nuevas oportunidades de trabajo debido a la mala situación que atravesaba nuestro país, ella una gran periodista con especialidad, tuvo que probar con la venta de arepas a domicilio cuando ni siquiera le gustaba hacer un huevo frito, sus primeras semanas en ese extraño país fueron muy difíciles, pero cuando pienso en el día que recibí la noticia de que había logrado el cargo para ser jefa de prensa en un canal de noticias muy reconocido a nivel internacional, llenaron mi alma y corazón de una alegría indescriptible. Nadie logra el éxito de la noche a la mañana o frotando una lámpara maravillosa, las caídas y los principios a veces se vuelven extenuantes, pero siempre culminan con un final feliz.


Esto me hace recordar lo difícil que es ser un Águila, no puedo imaginarme su sufrimiento y dolor antes de resurgir y convertirse en una de las aves más fuertes y poderosas que reinan los cielos. Llega un punto donde las águilas deben tomar una de dos opciones, o mueren de hambre o transitan el doloroso camino de arrancarse el pico y las garras para que nazcan unas nuevas ya que llega un punto donde se les hace imposible cazar. El transcurso de aproximadamente 6 meses para romperse el pico a golpes debe ser uno de los peores procesos que un animal o ser puede vivir, entre sangrar y llorar de dolor por una causa sumamente necesaria y casi obligatoria es impensable, pero cualquier parecido con la realidad humana, puedo decir que no es coincidencia.


Cada una de nosotras hemos sido águilas en algún momento de la vida, nacemos siendo auténticas, poderosas, hermosas, fuertes y valientes, pero a medida que vamos creciendo las experiencias doloras y difíciles nos pueden hacer tanto daño que logran romper nuestro corazón y dañar de alguna manera nuestra mente, nuestros conceptos y nuestras metas, la lección que traigo conmigo en este artículo es que caer es parte de nuestro crecimiento, ojala no tuviéramos que pasar por tanto, pero definitivamente es necesario para perfeccionar nuestro carácter, para conocernos más profundamente y para valorar lo que tenemos a nuestro alrededor.


“Resurgir” es la clave… en medio de situaciones no tan agradables nos ayuda a sentirnos vivas y a obtener sabiduría, ¿Quién alguna vez ha visto pasar un águila e ignorar lo majestuosa que es volando por los aires? Todos alzaríamos nuestra cabeza al cielo y estaríamos muy impresionados de lo hermosa que es cuando abre sus alas. Imagina por un momento que esa eres tú, después de una caída difícil, poder levantarte con toda seguridad, sacudirte los zapatos y salir adelante es uno de los procesos más valientes de la vida. Estoy segura que todo el mundo lo notaria y sería una lección para ti y para los que están a tu alrededor.


¡Jamás te rindas! aunque el proceso sea doloroso y el camino difícil de transitar, recuerda que las águilas se arrancan el pico y las garras para renovar sus fuerzas, al final del proceso solo queda abrir las alas y salir a brillar.



Por Lic. Rosa Montoya

(Periodista, Consejera de adolescentes y Community Manager)

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