¡La historia de un pelo WOW!


¿No te ha pasado que cuando te levantas de la cama te miras al espejo y sientes que hay algo que no quedó bien, que había que hacerle un ajuste o que simplemente no está como tú quieres?


¡Te entiendo! Estos pensamientos pasaban por mi mente de forma constante cuando me veía al espejo al arreglarme. Ahí estaba una vez más hablándole a mi cabello y diciendo cosas como: “no es lindo”, “no me gusta”, “Dios mío si tan sólo lo tuviera liso” y muchas otras frases.


Desde niña fui criada bajo un contexto en el que lo mejor y más presentable para tu imagen era tener un cabello liso, bien arreglado, planchado y secado. A partir de mi adolescencia iba a la peluquería religiosamente todas las semanas, me aplicaba cuanto tratamiento alisante había, desriz, queratinas y otros más. Todo para tenerlo “hermoso”.


En casa se hablaba continuamente sobre lo maravilloso del cabello liso y sobre la herencia de “estos pelos” que teníamos, tanto que se convirtió en mi verdad. Yo sinceramente pensé que me había tocado tener el pelo feo o un pelo regular, no como el de las novelas o publicidades. Así fueron pasando los años. La historia de mi pelo y yo, yo y mi pelo.


En el 2012 me casé con un hombre maravilloso y -como dato curioso- con un cabello liso extremo nivel Pantene deseable jajaja. En su convivencia conmigo pudo ver mi costumbre semanal de ir a la peluquería, de estresarme por esperar a la estilista, aparte de las horas con tratamientos alisantes, sin embargo, él me decía constantemente que yo tenía un cabello hermoso, pero de mi parte solo recibía respuestas totalmente contrarias con respecto a ese tema.


Fue entonces cuando en el año 2020 en medio de una pandemia, en un confinamiento obligatorio sucedió lo que no esperaba: dejar de ir a la peluquería porque no se podía y entre el encierro, el pelo natural y las hormonas alborotadas por mi embarazo en ese entonces volví a esas conversaciones con el espejo sobre mi para nada presentable cabello.


Una vez más en el inicio, ¡una vez más al espejo! Me levanté y me vi, entre rabia y tristeza dije: “¡no me gusta! ¿Por qué me tocó tener este pelo?” Minutos después reaccioné, me sentí tan mal, sabía que no podía seguir así, más aún porque desde hace unos años mi vida había estado enfocada en ayudar a otras mujeres a valorarse y a amarse. Pero irónicamente, yo en esa área necesitaba verme como Dios me veía. Decidí contárselo a alguien más. En mi caso, a mi amiga Mayo Galea, quien de inmediato me dijo “voy a orar para que ames el Diseño Perfecto de Dios en ti”, aparte de otras palabras que marcaron mi corazón.


Desde ese momento, me enfoqué. Comencé diligentemente a buscar información, vídeos y vi uno que me impactó, una chica hermosa, rizada, que dijo estas palabras:


“¿Sabías que tu pelo no fue un error? ¡Nada de ti lo es! Cada pelito fue pensado y formado exclusivamente para ti. Tú eres hermosa con rizos o sin rizos. ¿O crees que Dios se equivocó contigo?”


¡Fue impactante! Lloré, oré, di gracias a Dios me trasladé al Salmo 139 que dice:


“Tú hiciste todo mi ser, tantos mis sentimientos como mi cuerpo, desde entonces me hiciste tomar forma en el vientre de mi madre. Te agradezco porque me hiciste de una manera maravillosa, sé muy bien que tus obras son maravillosas. Tú sabes todo de mí, tu viste mis huesos crecer, mientras mi cuerpo se formaba. Tu viste formarse cada parte de mi cuerpo. Ya todo estaba escrito en tu libro, fueron formadas a su debido tiempo, sin faltar una sola de ellas” (Vers. 13-16)


¡Dios nos ha dado a todas un diseño bien hecho, pensado, hermoso y sin error! Mi pelo no era feo, nunca lo fue, tan solo era parte de mi diseño, así como lo son todas las partes de mi cuerpo.


Desde entonces por decisión personal no realicé más tratamientos alisantes sino que comencé a cuidarlo con mucho amor y dedicación. Fueron meses de transición capilar, pero más aún de tener una transformación de adentro hacia afuera y de mirarme diferente frente al espejo con respecto a mi pelito. Muchas decían que iba a ser difícil, pero mi convicción de lo que Dios había hablado me dio paz, tranquilidad y hasta felicidad en medio del proceso.


Hoy en día, mi pelo es totalmente rizado, diferente, algo que jamás había visto. ¡Me miro y amo mi diseño, ¡amo mi pelo! Mejor aún, con lo aprendido en este año, decidí comenzar una comunidad donde comparto mi experiencia con otras mujeres y niñas acerca de lo maravilloso de tener un pelo diferente, aparte de informar y comercializar productos adaptados a la necesidad que tenemos.


Definitivamente, cuando aceptas y amas todo lo que Dios hizo en ti, comienza una transformación que puede impactar muchos más. ¡En mi caso fue mi pelo! ¿En el tuyo, cuál es?


Oriana Romero

Instagram personal: @orianarg

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