Fragilidad y belleza: la libertad que provee la vulnerabilidad.

Por Keyla C. Arismendi



“La sabiduría no es una acumulación de recuerdos, sino una suprema vulnerabilidad a lo verdadero.“
— Jiddu Krishnamurti


El riesgo de adolecer por alguna derrota, pérdida, ruptura, decepción o herida, es parte de nuestra experiencia humana. El dolor, sin importar qué o dónde se origina, es aquella vivencia que negamos, evadimos o ignoramos porque no podemos enfrentarlo, y después de todo, ¿a quién le gusta sufrir?. Como dice el refrán de sabiduría popular: “si la vida te trae limones aprende a hacer limonada”.


Hacer referencia o reconocer el dolor como parte de nuestras vidas puede presuponer, en algunos casos, manejar sentimientos de abandono, rechazo, experimentarse débil, susceptible, vulnerable. Y es que la vulnerabilidad nos expone al riesgo de la herida, una abierta, en donde los que nos rodean pueden ver nuestro interior. Mostrar “fragilidad” no es ser condescendientes y otorgar permiso a que nos hieran o lastimen. Desde otra perspectiva, la vulnerabilidad puede presentarnos tal cual somos. Es permitirnos ser, y conectar con el yo interno, con los que nos rodean, con nuestro entorno, con la naturaleza. La podemos observar en las flores, las mariposas, en la sonrisa de nuestro ser amado.


La vulnerabilidad nos ofrece la libertad de transformar la experiencia en una posibilidad de aprendizaje y crecimiento. En el proceso de esta experiencia humana, he tenido la oportunidad de enlazar con diferentes comunidades, personas y escenarios. Cada uno de ellos me ha brindado la posibilidad de crear relaciones, conectar con las personas, desarrollar empatía. La sensibilidad necesaria para poder entender, reconocer o ver otro punto de vista, y una realidad distinta a la nuestra. Sin embargo, poder entender la experiencia de otro ser humano, que al igual que yo, tiene sus victorias, sus batallas, sus necesidades y anhelos es parte de la vulnerabilidad. Esta adopta diferentes formas y manifestaciones.


Enfrentar y reconocer nuestra vulnerabilidad nos provee la oportunidad de mostrar fragilidad, no en un sentido de ruptura, sino de coyuntura. El kintsukoroi es la técnica o arte japonés de reparar fisuras o fracturas en una pieza de cerámica y rellenar esa grieta con oro. ¿Por qué no descartar la pieza, si se ha dañado? Porque una pieza que se restaura simboliza la fragilidad y a su vez la belleza de la misma Su valor no desmerece, sino que representa una perfecta combinación de la fortaleza que puede emerger de la vulnerabilidad. Convivir con la belleza y el dolor. Los estados emocionales son transitorios, pero nos podemos quedar con la experiencia de sentir, de cambiar, de vivir. Aceptar nuestros espacios o momentos de vulnerabilidad, es darnos permiso de aprender, capacitarnos, conectar y transformar nuestra vida y de quienes nos rodean. Es abrirnos a la experiencia de llevar una conversación compasiva y conciliadora con nuestro ser.


Aceptar nuestra historia y construir nuevas experiencias. Recomponer lo roto e invitar a que la sanación llegue a nuestras vidas es la vulnerabilidad expresándose. Al otorgarnos permiso para mostrarnos cómo somos y cómo nos sentimos nos regalamos la oportunidad de ser libres, y esa extraordinaria sensación es la hermosura de la vulnerabilidad.