El Amor Propio: Plataforma para un mundo mejor

“Tú mismo, así como cualquier otro en el universo entero,

mereces tu amor y afecto.”

- Buda

Hace dos semanas Dios, el Universo, la Fuerza (o como quieran llamarle) se apiadó de mí y puso en mi manos el libro Dying to be me (Morir para ser yo) de Anita Moorjani (2012). Me habían herido profundamente en mi amor propio hacía varios meses y necesitaba sanar. Antes, cuando escuchaba estaba frase, percibía siempre un tono sarcástico e hiriente en la persona que la expresaba. Por lo tanto, interpretaba que este tipo de amor era sinónimo de egoísmo, pedantería, soberbia o arrogancia. Por eso, cuando hablaba del mío, prefería denominarlo mi dignidad como ser humano o mi integridad como profesional. Esa interpretación cambió al conocer la extraordinaria historia de Anita. En el libro, nos narra su experiencia paranormal de morir y revivir (near-death experience) provocada por un cáncer agresivo que dañó todo su cuerpo; además, describe el propósito de esa experiencia y analiza el conocimiento adquirido. Anita combatió esa terrible enfermedad por casi cuatro años, sucumbiendo un 2 de febrero del 2006. Cuenta que mientras agonizaba, una energía como una presencia viva del más grande y puro amor la arropaba y a la misma vez se fundía con ella. En ese momento, se percató que había muerto y se sentía muy feliz. No tendría más sufrimiento, ni dolor, ni tristeza: sólo alegría, paz y amor. No obstante, como la mayoría de los que han experimentado este suceso, Anita comprendió que debía regresar para compartir lo aprendido y traer un mensaje de sanación, amor y esperanza. No sabía qué le diría al mundo ni cómo lo haría, sólo sentía que lo único que tenía que hacer era ser ella misma. Anita era parte de una familia hindú muy tradicional, pero creció entre Inglaterra y China. Siempre se sintió presionada por la cultura y principios religiosos de sus padres y por el rechazo de las otras personas por ser diferente. Se olvidó de sí por tratar de complacer a todos.

Anita aprendió que todos somos únicos y nacemos con una misión, con un propósito en la vida. Nuestra finalidad es “vivir como un reflejo de lo que somos en realidad, permitiendo que brille nuestra magnificencia como seres humanos” (p. xiv). Significa que debemos identificar cómo sentimos y pensamos, apreciar nuestras fortalezas o talentos y aceptar nuestras debilidades. Implica estar conscientes de quiénes somos y actuar de acuerdo con ello y no en función de lo que otros quieren para sí mismos o peor aún, por miedo a ser rechazados. Sobre todo: implica defender nuestros derechos. Para mí, esto significa tener AMOR PROPIO. Anita señala que:

Since my NDE (near-death experience), I don’t feel that I came back to accomplish anything. I only came back to be. Because of this, everything I do come from love. I don’t worry anymore about trying to get things right or complying with rules or doctrines. I just follow my heart and know that I can’t go wrong when I do so. Ironically, I end up pleasing more people than my old self ever did, just because I’m so much happier and more liberated! (p.153)

Desde mi ECM (experiencia cercana a la muerte), no creo que haya regresado para lograr nada. Sólo volví para Ser. Debido a esto, todo lo que hago proviene del amor. Ya no me preocupo por tratar de hacer las cosas bien o cumplir con reglas o doctrinas. Sólo sigo a mi corazón y sé que no puedo equivocarme cuando lo hago. Irónicamente, termino complaciendo a más personas que mi antiguo yo, ¡solo porque estoy mucho más feliz y liberada!

Si todos actuáramos así, estaríamos completamente sanos física, emocional y espiritualmente; seríamos felices y tendríamos un mundo mejor. Todos estamos conectados y lo que pensamos o hagamos tiene un efecto dominó sobre todo el mundo. Ya Jesucristo lo había dicho: Ama a tu prójimo como a ti mismo. El problema estriba en que no nos amamos, no nos aceptamos; y algunas veces hasta nos odiamos. Añoramos ser como el otro, atesorar lo del otro, sobresalir como el otro… En fin, no tenemos Amor Propio. Si no podemos amarnos, cómo podríamos amar al prójimo.

Desafortunadamente, en pleno Siglo XXI, todavía muchas de nosotras somos como era Anita. Anteponemos nuestros deseos, ideas, valores y principios por complacer a los demás. En su libro, Anita confiesa que por eso enfermó. Tenía miedo a todo: al fracaso, al rechazo, a desilusionar a los padres, amigos, familiares, a la comunidad hindú; a no ser lo suficientemente buena… ¡Cuántas de nosotras nos hemos sentido igual en algún momento de nuestras vidas! Desde muy pequeñas nos inculcan que debemos comportarnos de cierta manera; que las niñas NO hacen eso, No hacen aquello, NO hacen lo otro… que deben ser dulces, sumisas, recatadas, inocentes…que su propósito en la vida es ser madre y que como madre debe ser ante todo sacrificada, bondadosa, amorosa, condescendiente … Entonces comienza una batalla por descubrir nuestra esencia que se va diluyendo poco a poco entre lo que la sociedad quiere que seamos, lo que quisiéramos ser y lo que proyectamos ser. Nos convertimos en tres entidades incompletas y adulteradas. Algunas veces actuamos como una de ellas; otras, somos las tres juntas y las demás veces, intentamos ser ninguna. Repetimos silenciosamente una y otra vez el poema de Julia, (la Esencia), para la otra Julia, (la muñeca de mentira social )con la esperanza de ser más fuertes y valientes…Tú en ti misma no mandas; a ti todos te mandan; en ti mandan tu esposo, tus padres, tus parientes, el cura, la modista, el teatro, el casino, el auto, las alhajas, el banquete, el champán, el cielo, y el infierno, y el qué dirán social. En mí no, que en mí manda mi solo corazón, mi solo pensamiento; quien manda en mí soy yo.

Si en algún momento intentamos hacer valer nuestras ideas o nuestros derechos, nos tildan de ignorantes, egoístas, arrogantes o pedantes. Esto puede menoscabar nuestra autoestima y hacernos creer que lo que apuntan es cierto. Hoy por hoy puedo afirmar que el amor propio y la pedantería son dos comportamientos MUY diferentes. Ser pedante significa ser engreída, pretensiosa, presumida; una persona que se vanagloria de su supuesta superioridad cada vez que tiene la oportunidad. Una persona pedante no deja que los demás expongan sus ideas en una reunión, interrumpe todo el tiempo en cada conversación para imponer su punto de vista, el cual cree que es el mejor; nunca acepta que se equivocó o que no sabe de un tema en particular; en fin, su actitud todo el tiempo es Been there, done that.

Por lo tanto, los expertos concuerdan en que es fundamental desarrollar, fortalecer y cuidar de nuestro amor propio. Recomiendan que apliquemos las siguientes estrategias. Luego de distinguir y aceptar cómo somos, lo primero que debemos hacer es perdonarnos. Somos nuestro peor juez y podemos ser muy severos con nosotros mismos. No te castigues por saecula saeculorum por una decisión errónea o un comportamiento inapropiado. Las personas que se aman a sí mismas aprenden de sus errores, aceptan su humanidad (imperfección), distinguen cuál es la lección que debían aprender y se perdonan. Segundo, no actúes impulsivamente; reflexiona sobre lo que harás: ¿lo realizarás por ti o por complacer a tus padres, a tu esposo, a tus hijos, a tu jefe …? y luego, evalúa si esa acción concuerda con tus principios. Esto se llama autoafirmación. Tercero, escoge honrar esos preceptos; conserva tu integridad siempre. Cuarto, aprende a decir NO. (Lo sé, es más fácil decirlo que hacerlo). ¡Cuántas veces decimos Sí dizque para llevar la fiesta en paz! Luego nos torturamos y avergonzamos pensando en lo débil que fuimos, y nos prometemos que la próxima vez seremos más valientes. Quinto, aléjate de las personas negativas, que siempre ven el vaso medio vacío en vez de medio lleno, que envenenan nuestro espíritu y que constantemente están formulando teorías conspiratorias. Sexto, dedícate tiempo. Lee ese libro que compraste hace cuchucientos años y guardaste para cuando tuvieras tiempo, matricúlate en esa clase de yoga, o en la de zumba, tómate un café con tus amigas… ¡Sencillamente, haz lo que te gusta! Séptimo, descubre cuál es tu misión en este mundo y vive para cumplirla. Esa misión está muy relacionada con el talento o habilidad que tienes, con lo que te apasiona hacer, con lo que trabajarías de gratis.

Debemos aplicar estas estrategias continuamente para que se vuelvan parte de nuestra filosofía de vida. No obstante, debemos tener en cuenta que la línea divisoria entre el amor propio y la arrogancia o pedantería es bien fina. Por lo tanto,recordemos siempre que nuestros derechos terminan donde comienzan los derechos de los demás.

Referencias:

Moorjani, A. (2012). Dying to Be Me: My Journey from Cancer, to Near Death, to True Healing. New York: Hay House, Inc.

Aracelis Nieves-Maysonet es catedrática asociada de español en la Universidad Ana G. Méndez, en Sil ver Spring, MD. Posee un doctorado en Teoría Curricular y Educación del Lenguaje de la Universidad de Indiana en Bloomington, IN. Ha escrito dos libros de cuentos: Nosotras…Como siempre (1984) y Nosotras...Otra vez (2001). En julio del 2018 salió a la luz una segunda edición de estos dos libros en un solo volumen titulado Nosotras…Todavía. Gracias a su primer libro, tuvo el honor de ser incluida en la antología Del silencio al estallido: Narrativa femenina puertorriqueña (1991) compilada por el Dr. Ramón L. Acevedo. En esta antología, el doctor Acevedo selecciona la producción cuentística femenina y feminista más prolífica, intensa y valiosa en la trayectoria de la literatura puertorriqueña.

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