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La sexualidad desde la espiritualidad y el amor


En una sociedad como la nuestra decir que se estará discutiendo el tema de la sexualidad ya de por sí es bastante intimidante, pero cuando se le añade espiritualidad y amor ya estamos coqueteando con la censura. Y es que desligamos la sexualidad tanto la espiritualidad y del amor que nos perdemos la mejor parte de ella. Porque no es posible disfrutar nuestra sexualidad si no conectamos desde la misma esencia de nuestro Ser. La sexualidad viene a ser la proyección espiritual de nuestras emociones, de la conexión energética del cuerpo y alma. No es posible hablar de lo uno sin lo otro. Es por esto, que comenzaré con espiritualidad y amor para poder entrar en el tema que nos atañe.

La espiritualidad que por su etimología (su raíz es del latín) se puede definir como relativo al alma o condicionado al alma, se fundamenta en la realización del Yo como un Ser espiritual. Para muchos la espiritualidad es exclusiva a la relación con Dios, el Universo o la Fuente, pero no necesariamente. Existen filosofías de vida como, por ejemplo, el budismo, que no reconoce a Dios como ser superior aun así teniendo dentro de su organización en el presente y en el pasado personas muy espirituales que han logrado mucha iluminación. También, es muy común entre las personas no creyentes ser muy empáticas, en esencia espirituales, que niegan la existencia de un Ser superior por el obvio desbalance que existe en el mundo pues conectan con los demás en planos más elevados. Así que al referirme aquí a espiritualidad no es referente a una religión, filosofía o a la creencia de Dios o la Fuente, aunque yo si crea en ello, sino al reconocimiento de nuestra naturaleza espiritual. Esto es fundamental para el reconocimiento de nuestro Ser como un sistema complejo que trasciende el cuerpo físico y con él los genitales.

El amor, en su esencia mas pura es la Fuente, lo es todo. Estamos indoctrinados a creer que el amor depende de la correspondencia, posesión y que va íntimamente ligado a la agonía del que lo siente. Pero eso no es amor, eso es codependencia. El amor cuando llega te ilumina, te sana y nutre nuestro Ser. Y cuando termina, te deja sabia y vivida no destruida. Porque se ama desde un lugar de luz, uno que no ve aspecto físico, belleza, géneros, edad, peso, raza, estatura, sincronía, profesiones o cualquier otra condición que nos hemos impuesto por nuestras propias inseguridades. Todos esos filtros nos limitan y andamos desbordando nuestras necesidades emocionales y espirituales en la pareja “perfecta” o ansiosamente esperando por ella. Pero eso no es posible, nadie es perfecto. Ni tampoco llega nadie a sanarnos, eso nos toca a cada una de nosotras.

Lamentablemente nos obligamos a relaciones sin futuro y nos conformamos con vivir a medias. Todo por el consabido miedo a estar solas, a ver mas adentro y por creer que solo en pareja logramos ser mujeres plenas. Así también me relacioné yo con el amor hasta hace unos meses cuando descubrí que mi alma amaba a otra alma. Y utilizo la palabra descubrir porque como decía mi amado poeta y filosofo Rumi, el amor por ella ya vivía en mí desde siempre. No tuvo que impresionarme, decir lo correcto, verse de algún modo, tener una profesión tal o poner ningún esfuerzo. Mi alma reconoció la luz en ella y simplemente despertó el amor. Imagínense, llegar a tus 49 años y darte cuenta de que no sabías nada del amor o por lo menos no del que nutre el alma. Porque no es posible sentir amor si primero no practicamos amor propio. Algo que yo he estado trabajando incansablemente hace años, pero solo recientemente dedicada a él. Sentir este amor, más que nada, viene como resultado y validación de mi peregrinación espiritual. Solo cuando conecté conmigo desde un lugar de amor pude sentir lo que es el amor verdadero. Así que, sin intensión de idealizar a esa bella mujer, provocar una respuesta o entrar en el cliché, desde este lugar, de quien siente amor incondicional les quiero hablar sobre sexualidad y no ligada a preferencias sino a la nuestra, la de mujer.

Ahora sí, les advierto, que esto no es un recetario de cómo hacerlo sino un despertar, un llamado a la reflexión. Porque la sexualidad es mucho más que un conjunto de posiciones, una atmósfera romántica o una noche de lujuria. La sexualidad, la que existe en cada una de nosotras y que puede empoderarnos en los demás aspectos de vida, la tenemos adormecida y restringida principalmente por el discrimen por género. Y eso no debe ser sorpresa cuando peyorativos como estos: cabra, suelta como gabete, pa’la joda, perra, caliente, de su casa, virgen y señorita claramente demuestran que la sexualidad femenina es un tabú que nos acompaña desde siempre. Indefinidamente, hasta que nosotras decidamos lo contrario y nos desliguemos de los estereotipos de género. Cuando no permitamos más que la sociedad indoctrine a las niñas desde pequeñas a aspirar ser esposas de médicos o ingenieros, guardarse señorita, a casarse o ser la jamona y a tener hijos. De todo menos feliz y plena. Una joven, cualquiera, tiene el derecho a estudiar y ser ella la profesional, convivir con su pareja, estar sola, no tener hijos, disfrutar y escoger su sexualidad. Con nuestra inacción en la enseñanza permitimos que se les coarte su derecho a elegir, amarse, a sentirse suficientes y decidir si quieren o no disfrutar su sexualidad antes del matrimonio, sí deciden casarse. Los tiempos han cambiado y es hora de dejar ir las ideas preconcebidas de lo que debe ser una mujer. Ya la versión socialmente correcta de la princesa inexperta, boba y que todo lo aguanta no funciona. Nunca lo hizo, y es absolutamente cruel e injusto para la mujer.

También perpetuamos el discrimen contra otras mujeres guardando silencio, quedándonos calladas ante la mofa o los comentarios despectivos. No debe existir moda, ritmo contagioso o momento oportuno como para decir no a alguna canción de reguetón o comentario machista que vaya en detrimento de la mujer. La sexualidad tampoco debe ser regulada por pudor, acoso, presión social u otras mentalidades patriarcales. La sexualidad es algo natural, es intrínseco al ser y se manifiesta completamente diferente en cada una de nosotras. No es posible amarse y querer ser feliz sin permitirse ser sexual. Tanto así que al contrario del hombre que principalmente sus áreas erógenas van ligadas a sus genitales, nosotras somos erógenas completas. Somos seres altamente sexuales y sensuales que vivimos limitándonos por miedo o peor aún por el que dirán.

Me decía una amiga sicóloga que las estadísticas de las mujeres en relaciones matrimoniales que viven insatisfechas sexualmente son altísimas. Porque crecemos pensando que disfrutar nuestra sexualidad es malo y dar instrucciones en la cama se ve mal. Que primero se es madre y esposa antes que mujer viva. Y habrá muchas parejas que se insulten, pero quien le quiera de verdad no le va a importar. Porque el amor verdadero no es egoísta y procura la felicidad de ambas partes. Piense que no poder expresarse en la intimidad viene a ser de los primeros indicios de que usted está en la relación equivocada o acostándose con quien no vibra a su frecuencia. Algo que cuando usted está en sincronía con su Ser puede identificar inmediatamente. Por eso es tan importante amarse primero, conocer cada parte de su cuerpo, sus áreas erógenas y saber como se siente un orgasmo sin restricciones. Usted necesita tener dominio sobre su sexualidad antes de esperar que otra persona lo aprenda. Es su responsabilidad, una que puede coquetamente compartir con su pareja, si así lo desea. Sea usted el centro energético de su sexualidad y desde un lugar de amor véase como ese hermoso Ser espiritual que se expresa a través del cuerpo físico.

Vamos también a dejar de confundir la sexualidad con la vulgaridad o el menosprecio carnal. Nosotras necesitamos sanar la relación que tenemos con nuestra sexualidad y como nos sentimos en nuestros cuerpos. Han sido tantos los prejuicios que nos han impuesto que hasta se nos dificulta vernos como mujeres hermosas y perfectas. Tampoco podemos seguir midiendo nuestro valor con la respuesta del sexo que nos interese. Todas tenemos valor. No es posible decir soy feliz y plena cuando se está en una relación tóxica, no existe semejante cosa. Vamos a dejar a tras a quien no nos valora o nos hace sentir inseguras. El amor trae sosiego y la sexualidad gozo, emociones fundamentales para vivir feliz consigo. Entienda que nosotras somos seres espirituales, la sexualidad no va estrictamente ligada a nuestra vagina sino al complejo ser que se expresa a través de nuestros sentidos.

Para mí que conecto espiritual, emocional y físicamente con una energía femenina no vivir mi verdad habría sido vivir a medias. Pero ser una mujer que ama a otra y quedarme callada ante tanta discriminación de género que entre otras cosas nos continúa limitando por la ausencia de amor propio me era imposible. No se puede ser tibia ante esta situación social que nos aqueja. Vamos a darle un alto a todo esto empezando con nosotras. La lucha empieza con nuestras percepciones, con las nuevas generaciones y con la relación de cuerpo y alma.

Así que en adelante cuando usted piense en sexualidad, piense también en la espiritualidad y el amor. Permítase ser y tenga apertura, de igual manera que con los años sus necesidades emocionales maduran también lo hace su sexualidad. No tema a su leona, esa existe porque usted es mucho más que un cuerpo físico. Recuerde que su Ser es su templo, permita que se exprese. La vida es una; ámese mucho, conecte con su Ser desde un lugar de amor y disfrute su sexualidad al máximo. Hónrela tanto que nunca la use para manipular a otros, como premio, para llenar vacíos o para menospreciarse. Si alguien le hace sentir que no es suficiente, créale y déjelo ir. Para alguien que vea su luz, usted va a ser más que suficiente y sus necesidades tan importantes como las suyas. Procure satisfacer todos sus sentidos. Eso es vivir en plenitud.

 

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