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De hombre a mujer

 

 

Barba, pene, pelos en el pecho, brazos fuertes y robustos.  Estas eran algunas de las características físicas que podían enloquecerme en la cama, o en algún otro lugar.  La atracción y deseo por el sexo opuesto se me daba natural. Desde pequeña recuerdo masturbarme pensado en Chayanne, Christian Castro y hasta Manny Manuel.  En mi crianza no hubo que decirme que a las nenas le gustaban los nenes y viceversa, era innato.  Y mi sexualidad la disfrute con hombres por que eso era lo normal, lo que conocía, lo que me gustaba.  Pero no puedo mentir, llegó a mi la curiosidad y el pensamiento “¿Cómo se que compartir mi sexualidad con una mujer no me va a gustar?”

 

No actué de inmediato para contestar esa pregunta, la tenía en mi mente, pero no le daba mucha importancia.  Besé una chica en la universidad, pero lo vi como algo normal, no había nada especial.  Con eso comencé a pensar, “Es un ser de mi misma especie, ¿debería sentir algo distinto según el sexo?”  Pues hasta el momento si, sentía distinto según el sexo. 

 

Ya más adulta tuve mi primer encuentro con una mujer y puedo decir con seguridad que fue totalmente distinto.  No sé si era que pensaba “esto está incorrecto” o “no se que debo hacer”, pero no hubo emoción, fuegos artificiales o algo que me dijera “wow” es increíble.  Con esa experiencia entonces me dije, “Ya lo experimentaste, sigue con lo que conoces”. 

 

Continuaba disfrutando la sexualidad con el sexo opuesto, experimentando conociendo y conociéndome.  Creciendo en la cama y fuera de ella.  Entonces fue que conocí la sonrisa más hermosa que había visto jamás.  Venía de una mujer decidida, segura de ella y sus acciones, totalmente distinta a mí, que pensaba las cosas 20 veces y no estaba segura de lo que hacía.  Por esa sonrisa hacia lo que fuera.  Hasta que se me concedió experimentar la sexualidad con ella, y ¡Uf, que diferencia!  Senos, vagina, curvas al igual que pasión, entrega, muchos fuegos artificiales y orgasmos también.  Cuando pienso en ello se me eriza la piel, porque en una semana sentí más de lo que en toda mi vida sexual había sentido.  ¿Y por qué ahora fue distinto?  ¡Por que estaba enamorada!  Porque la sexualidad estaba acompañada de afecto, amor, cariño y respeto, pero no era solo una experiencia carnal, era una experiencia espiritual, de unión de almas.

 

 

Con esto entendí que da igual el cuerpo en el que andes en esta dimensión, cuando se ama, se ama sin mirar género, religión o nacionalidad.  Se siente y ya.  ¡Se ama y ya! Veo la sexualidad como el momento de intimidad donde te das la oportunidad de disfrutar con otra persona placer, respeto, afecto o solamente un orgasmo, porque no le veo nada de malo al sexo solo por venirte, disfrútalo.  Y si viene acompañado de caricias y amor, disfrútalo también.  Si hubiera cerrado mis puertas a solo quedarme con lo que conocía me estuviera perdiendo de la aventura más rica, única y mágica que ha llegado a mis casi 3 décadas de vida. 

 

Solo puedo decir, esta vida es una y la sexualidad, aún siendo un tabú social, es parte de tu ser y debes disfrutarla.  Sin sexo no estarías aquí, así que apodérate de tu sexualidad, descubre, ámate y ama sin tapujos ni prejuicios. 

 

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