Insiste, Resiste y Persiste.


Agradecida por las bendiciones recibidas y el apoyo de la revista Mujeres con Visión, que publicó el artículo que seguramente leíste el mes pasado, entendí que mi camino no se detiene una vez finalizada la gestión de energización de mi pueblo y Puerto Rico. Así que emprendí el camino hacia las montañas de la Isla, esta vez, para compartir lo que sé con otras mujeres.

Me hablaron de ser parte de un proyecto para capacitar a nuevas cuidadoras para personas de edad avanzada, esa generación a la que debemos lo que somos y que va en aumento, muchas veces sin las atenciones que merecen o la compañía de otro ser que les brinde una mejor calidad de vida. El reto no era enseñarles cómo hacerlo, me correspondía mostrarles como incursionar en el ámbito laboral encendiendo la chispa del “sí puedo” y provocando acción inmediata de parte de ellas para utilizar de manera constante y continua todas las herramientas y conocimientos que recibirían durante los días que compartiríamos. Es así como llego a las montañas de Aibonito, al Residencial Liborio Ortiz, muy temprano en la mañana de un lunes, con todo mi entusiasmo, a conocer las que serían mis compañeras de jornada.

Fueron llegando, una a una y luego de dos en dos. Acomodándose en un salón no muy amplio, alrededor de una mesa. La temperatura de un pueblo conocido como los más frescos del país nos ayudaba, puesto que contábamos con dos abanicos de pared, en un espacio que antes era utilizado para atender estudiantes de Head Start. Once mujeres en total, once historias y once razones distintas para estar allí. Ese primer encuentro comenzó con la consabida presentación de todas, y decidí que me hablaran de sus cualidades. Esta simple dinámica me mostró cuan parecidas eran, dentro de sus diferencias y como este grupo que fluctuaba entre los 23 y 50 años, tenían el más puro don de servicio. Todas habían tenido experiencias difíciles y de grandes retos durante sus vidas. Habían perdido familiares, tenían la responsabilidad de cuidar hijos y familiares, hacerse cargo de amigos o vecinos y eran parte de las historias de muchos otros durante su trabajo voluntario en el refugio de su pueblo después del paso del huracán María.

La mayoría de ellas ya habían aprendido oficios, iniciado carreras, tenían algún estudio técnico o universitario, pero en esta etapa de sus vidas, sus ojos reflejaban el entusiasmo por emprender este nuevo proyecto como cuidadoras, pero no solo eso ser las mejores. Deseaban desde lo más profundo de su ser amar lo que iba a hacer y por quien lo harían. Aún con la incertidumbre de si podía ser solo una oportunidad más, o si más adelante no tendrían la oportunidad de empleo, ellas iban a intentarlo, a hacer su mejor esfuerzo para que fuese posible.

Ya para el tercer encuentro, no me veía sin tener la posibilidad de seguir compartiendo destrezas, charlas, dinámicas y conversaciones con ellas. Pero uno de los momentos que no olvidaré fue cuando les pedí que anotaran sus metas como ejercicio de visualización. Créanme que cada una de ellas era para el servicio de alguien más. Querían trabajar, ser útiles y hasta tener su carro propio para llevar de paseo a sus padres. La dinámica término en discusión general del tema, y cada una, con sonrisa incluida, afirmaban que esas metas iban a realizarse.

Mi parte en este proyecto se completó. Pasé al pueblo de Cayey, en donde otro grupo de mujeres, de diversas comunidades tomaban la misma decisión para ser cuidadoras, reconociendo cuan poderosas son para lograrlo. Se repitieron las sonrisas, las reflexiones y sobre todo la voluntad de servir.

Y es que nosotras las mujeres tenemos esa habilidad especial para poner el corazón y el esfuerzo por alguien más. Somos como una batería recargable cuando se trata de ser mejores. No olvidaré las palabras de una de las participantes de Abonito, ella me dijo: “No terminé de estudiar, pero soy persistente.” La vida nos da pruebas para resistir, pero son estas pruebas las que nos dan la oportunidad de insistir, persistir y aprovechar cada oportunidad. A las nuevas cuidadoras que ya están listas a incursionar en el mundo laboral; ¡FELICIDADES! Lo han logrado. A mis once amigas Aiboniteñas; gracias por permitirme ser parte de su etapa, de ser ejemplo de perseverancia, pero sobre todo por ser valientes. La vida me ha regalado once ángeles poderosos.

Lizbelia Martínez Martínez

Hija, Madre y Esposa

Egresada de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras, se desempeñó por 17 años en el campo de las comunicaciones en diversas agencias del País. Tiene una trayectoria de más de 20 años como Maestra de Ceremonias de eventos privados y multitudinarios. Ha sido colaboradora en diversas publicaciones y productora y creadora de espacios radiales como: Para Buen Entendedor y A Todo Poder, para el Programa Sabor Latino transmitido por IHeart Radio para Syracuse, NY y escuchado en toda América Latina y Puerto Rico. Se desempeña como coordinadora de eventos protocolares en el ámbito social y corporativo.

Actualmente, esta Mentor Coach de Desarrollo Personal, Organizacional, Liderazgo y Vida certificada, desarrolla e imparte talleres a mujeres y sobre todos madres bajo su proyecto #PowerfullMomys.

Lizbelia Martínez Martínez

Hija, Madre y Esposa

Egresada de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras, se desempeñó por 17 años en el campo de las comunicaciones en diversas agencias del País. Tiene una trayectoria de más de 20 años como Maestra de Ceremonias de eventos privados y multitudinarios. Ha sido colaboradora en diversas publicaciones y productora y creadora de espacios radiales como: Para Buen Entendedor y A Todo Poder, para el Programa Sabor Latino transmitido por IHeart Radio para Syracuse, NY y escuchado en toda América Latina y Puerto Rico. Se desempeña como coordinadora de eventos protocolares en el ámbito social y corporativo.

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