Diario de una maestra: Corta

Nota de las editoras: El Diario de una maestra de esta edición es muy pertinente. La experiencia relatada por nuestra colaboradora Mayra Pérez, representa un caso real de nuestro tema del mes: cutting.

Querido diario:

Recuerdo el momento en que él llegó a mi salón y me pidió alcohol para curar unas heridas en el área del antebrazo. Su voz era tenue, su mirada esquiva y atenta a sus heridas. Le sugerí que se lavara con agua y jabón para limpiar adecuadamente sus golpes. Luego, le pedí que me indicara qué le había ocurrido. “Quería quitar un candado que había en un portón y me raspé con unos alambres.” ¡No, no y no!, me dije a mí misma. Es que el patrón de las heridas que estaba observando, no era para nada congruente con una raspadura con el portón que él me estaba describiendo. Le pedí que fuésemos al área de los hechos para que me explicara cómo era que había ocurrido el accidente. ¡Bingo! Si había aún algún atisbo de duda, ya se aclaró todo... ¡no, no y no!, no fue con el portón, debe haberse auto infligido, ¡se cortó! El patrón de las heridas no concordaba con el que se hubiese hecho si lo que me comunicaba era cierto.

Querido diario, ¡qué difícil momento fue ese que experimenté! Tenía poco tiempo para pensar y actuar, luego de percatarme que mi intuición era correcta. Calmadamente, le dije que lo llevaría al área de trabajo social, y, ante su mirada de asombro (o tal vez susto), le indiqué que el portón podía tener moho y había que documentar el suceso. De algún modo, tal vez, con la entonación de mi voz, con el lenguaje corporal, o con un no sé qué; logré que la persona que lo iba a atender entendiera lo que yo pensaba estaba ocurriendo.

En el camino de regreso a mi salón, pasaron muchas cosas por mi mente. Había escuchado sobre la auto-lesión no suicida, pero lamentablemente, como maestra que trabaja a diario con adolescentes, no se me ha orientado respecto a esta y otras situaciones comunes en esta población. Siento que no cuento con las herramientas necesarias para trabajar con casos similares al que me enfrenté en esta ocasión. Ser maestro no es solo impartir la enseñanza planificada del día. Conlleva trabajar un poco el área de la psicología, enfermería, consejería, dar esa palabra de aliento e incluso ese abrazo cálido del que a veces, algunos carecen.

Decidí confrontarlo sobre la conducta punitiva en la que estaba incurriendo, y lo admitió. “Es que no sé bregar con mi coraje.” Así se abrió una puerta de comunicación entre nosotros. En su caso la auto-lesión no suicida se asocia al componente psicológico, ya que es utilizado como medio de escape ante eventos que ocurren en su vida que le tienden a deprimir. Le brindé palabras de aliento, le aconsejé, y le abracé. Me prometió buscar una forma adecuada de canalizar sus emociones; al menos logré que lo aceptara, pero sé que necesitará ayuda profesional para lograrlo. El personal de apoyo de la escuela me dijo que trabajaría la situación.

Los padres deben estar pendientes de cualquier tipo de lesión que presenten sus hijos. En caso de enfrentarse a una situación como la expuesta anteriormente, deben abordar el tema con sus hijos, no apoyar esos actos negativos, no ignorar la situación, ni castigarlos y procurar ayuda profesional. Las escuelas deben ofrecer talleres para padres y maestros sobre este tipo de temas, necesitamos herramientas para trabajar casos así.

Querido diario, ¡quiero seguir siendo una maestra con visión!

MCV

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