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Un hombre hace la diferencia


¿Qué pasaría, si, de repente, dejas de ser parte del chiste? ¿Qué pasaría si decides que no serás parte de ello? ¿Qué pasaría si lo dijeras?

Todos conocemos el escenario: un grupo de amigos reunidos en la barra, la cancha o la escuela. La conversación gira en torno a las cosas que interesan al grupo y, sin pensarlo, se vuelve hacia las mujeres. Puede ser de una compañera de trabajo, de una pareja, de una celebridad. O quizás de una que está pasando por el frente o de una ex. Se barajan palabras que describen a esa mujer y todos toman su turno para opinar.

La mayoría de las veces, la conversación toma un giro sexual: si está buena, si se cree que está buena; si es una puta, si es una monja; si lo hace bueno o malo, si tiene este o aquel canto bueno… De cualquier forma, la cosa acaba en una valoración relacionada con los adjetivos que usamos para definir la apariencia (o las apariencias) de esa mujer. Pero, ¿estamos definiendo verdaderamente a esa mujer?

Digamos, por argumentar, que la mujer de la cual hablamos es conocida por todos por llevar una vida libertina (Sorry, no tengo tanto espacio para definir libertina. Cada cual que lo defina como quiera). Esa reputación puede ser ganada o infundada, y de cualquier forma le asignaremos las cualidades de la misma porque realmente no estamos haciendo un análisis de la veracidad de lo que se dice, sino de nuestra percepción de lo que se dice. ¡Ese es el problema!

Tenemos que aprender varias cosas:

  1. La mujer tiene derecho a ser como quiera. Nosotros no tenemos derecho a decirle cómo tiene que ser.

  2. La mujer se define por todo lo que es, no por lo que nosotros pensamos que es. No tenemos derecho a juzgarla.

  3. Nuestra conversación sobre ella, según definida anteriormente, es sexista y machista, no “cosas de hombres”, “normal” o “graciosa”.

Si todos los del grupo están hablando de ella así, ¿qué podemos hacer? Tenemos dos alternativas: seguir el juego o detenerlo (al menos para nosotros). Hay quienes no apoyan este tipo de conversación y optan por no participar en ella, alejándose. Eso es bueno, pero no ideal. Lo ideal es decir a los demás que no deben expresarse así, que no estás dispuesto a permitirlo y que tampoco te vas porque ellos estén hablando así. Eso es lo ideal y requiere muchos cojones.

Entonces, volvamos al principio de este artículo. ¿Qué pasaría, si, de repente, dejas de ser parte del chiste? ¿Qué pasaría si decides que no serás parte de ello? ¿Qué pasaría si lo dijeras? La realidad, créeme, es que no pasaría nada malo. La realidad es que los machistas y sexistas son los que están mal. La realidad es que ninguno de ellos tendría la estatura moral para juzgarte. Y lo importante es que habrás hecho algo de valor para ti y para ellos.

Cuando no auspiciamos comentarios machistas en las redes o los medios (no los sintonizamos, no le damos like, no los compartimos), estamos dando un paso. Cuando alzamos nuestra voz en contra de los machistas y sexistas, estamos caminando. Te invitamos a que camines en vez dar un solo paso. Te retamos a que levantes tu voz y comiences a crear conciencia entre tus amistades y grupos de trabajo. Recuerda: no naciste de una mata de plátano…

 

Te invitamos a actuar. Envía tus colaboraciones para Los Igualistas a edicionmcv@gmail.com

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