¿Quieres champaña?




Para mí la Navidad es una época de compartir en familia. Un momento del año en el que todo es felicidad y unión. Desde muy pequeña esta festividad me emociona sobre todo porque nací un 26 de diciembre y mi mamá un 30. Pero a medida que fui creciendo y sobre todo después de mis 20 años, la emoción de la llegada de Jesús un 24 o de dar un feliz año un 31 fue convirtiéndose en una extraña presión.


Con tan solo pensar en tener que interactuar con muchas personas a la vez, en si entendería todo lo que me decían o no, o que tal vez creyeran que me faltaba un tornillo porque me preguntaban si quería champaña y yo respondía que no conocía Copacabana, me generaba un muy alto nivel de ansiedad y frustración.


Sí, para una gran cantidad de personas que fueron “oyentes” así como yo, la Hipoacusia Neurosensorial Profunda se vuelve una condición capaz de aislarte, una carga pesada, una cruz a cuestas, un muro que se levanta poco a poco en tu cabeza y que empieza a separarte de las personas que más quieres, de tus sueños, de tu felicidad, de tu autoestima y de tus costumbres.


Mi familia tal vez no entendía lo que me pasaba, mis amigos mucho menos e incluso yo tampoco. Simplemente al pasar los años el volumen fue descendiendo y mis ganas de compartir y celebrar también, aunque por fuera pareciera lo contrario. Nos volvemos actrices y actores dignos de un Oscar. No hablamos de lo que nos pasa y es exactamente este el muro que nos separa de una mejor realidad o de una “feliz” navidad.


A muchos nos avergüenza tocar el tema, le tenemos fobia a la palabra sordera. Pensamos que las personas se alejarán y que nos quedaremos solos. Sentimos que nadie nos aceptará y el “qué dirán” es algo que suele importar más de lo normal.


Los años pasan, la vida pasa, las navidades pasan. Nuestros cumpleaños pasan. Las festividades también pasan y nos perdemos la dicha y el placer de disfrutar esos momentos por no buscar apoyo, por el miedo y la vergüenza que nos agobia, por algo que nos pasa sin ser de nuestra elección.

En las navidades del 2019 mi realidad me golpeó de frente. Dejé mi audífono en la mesita de noche y al despertar no estaba. Sentí miedo, pánico y no entendía qué pasaba. Abbie, la perrita de mi hermana, se había sentido atraída por el olor del audífono y decidió darle lo que para ella fueron unos deliciosos mordiscos lo que para mí una absoluta y total pesadilla. En esa época navideña todo estaba cerrado y por ende no podía conseguir un reemplazo rápido. Viví mis navidades y mi cumpleaños en un silencio desolador. No quise ver a nadie. Por primera vez no escuché mi cumpleaños feliz (aunque sí lo cantaron), pero todas y cada una de las personas con las que abrí mis emociones hicieron todo lo que estaba a su alcance para hacerme sentir feliz.


Entendí entonces que la clave para poder tener una vida plena a pesar de mi condición no es el hecho de poder escuchar, sino en saber comunicar lo que me pasa, de expresar lo que siento, de transmitir lo que vivo y de esa manera quienes me rodean puedan ponerse en mi lugar. Allí radica la importancia de visibilizar lo que vives para generar empatía y conciencia.


2020 no fue un año fácil, pero sin lugar a dudas ha sido el mejor año de mi vida. Abrí mi corazón para dejar ver lo que vivo no solo a las personas cercanas a mí, sino a todos los que me observan a través de la ventana de mis redes sociales, me abrí al mundo. Este año celebraré la navidad sin que la ansiedad se siente en el trono que le corresponde a mi plenitud, este año ella no reinará. Hoy la prioridad soy yo y nadie más. El “qué dirán” no está invitado a la celebración, se quedará afuera.


Durante las fiestas de este año posiblemente no me pregunten si quiero champaña, seguramente me enseñarán la copa y me hablarán con claridad .-¿q u i e r e s?-. y yo les diré: ¡yes, please!


Si estás pasando por lo mismo que yo, te animo a buscar apoyo en personas en las que más confías, esta es la base para volver a construir tu alegría, para reforzar tu autoestima y para vivir con máxima libertad y sin miedo a tu vida.


En esta navidad, regálate armonía, empatía y paz.



Mariellys Morillo

Venezuela - USA

Instagram @mariellysm