Hilvanando hilos: Reflexión sobre la discriminación racial

“Todos debemos saber que la diversidad es un bonito tapiz,

y debemos entender que todos los hilos del tapiz

tienen el mismo valor, sin importar su color”.

 

-Maya Angelou

 

 

El racismo es un tema que toca fibras muy profundas.  Al hablar de racismo, nos toca hablar sobre: discrimen, violencia, agresión, segregación, rechazo, esclavitud, marginación, odio deshumanización.   El racismo es una ideología (ideas que caracterizan el pensamiento de una persona, colectivo o época) que  algunos grupos han utilizado, partiendo de la premisa de “superioridad” de una etnia sobre otra.  Es decir,  ideas de prejuicio  que buscan  justificar la  dominancia de una raza sobre otra. 

 

El racismo carga con los atropellos y actos de crímenes desgarradores contra la humanidad; y la dignidad humana, en grandes magnitudes, entre estos: la esclavitud, el colonialismo, el holocausto.  Lo vemos a diario en las noticias; en  los crímenes, la violencia, la discriminación, el  trato desigual, las muertes.  Lo que va en detrimento de nuestra sociedad, cultura y humanidad. Socio-culturalmente el racismo , ha perpetuado ideas que,  de forma sutil  y persistente aún permanecen presente en nuestra sociedad, entre los  espacios públicos y privados.  Es importante concienciarnos efectuando un profundo análisis,  que examine los postulados que promueven la ideología de la superioridad de una raza sobre otra. Ejemplos: “cásate con alguien que te ayude a mejorar la raza”, “es trigueñito”, “es de pelo malo”,  “hagamos algo en tu pelo para que no te salga la raza”, entre otros. 

 

Me ha tocado ser agente de cambio, no tan solo es el espacio social, sino también en el familiar. Como mujer negra, sé cuán importante es la educación para comenzar a liderar movimientos y promover los cambios: sociales, culturales y proveer un ambiente digno y humano para todas; y lo imperativo de leyes que actúen en contra del discrimen. “Enseñamos lo que sabemos, contagiamos lo que vivimos”.  Ésta frase la escuché hace algunos años, y me recordó a mi abuela.  Una mujer blanca criada con la idea de que las personas blancas eran “superiores”.  Nuestra relación fue  marcada por sus creencias y prejuicios, que se antepusieron a los lazos familiares.  Sin embargo, unos meses antes que  ella falleciera, tuvimos una conversación que me ayudó a entender (no justificar) sus acciones durante muchos años.  Con lágrimas en sus ojos, me dijo “eso fue lo que aprendí, no me enseñaron mejor”.  Sus palabras me afirmaron  lo que yo ya conocía sobre el racismo: se aprende, se enseña, se educa y por lo tanto se perpetúa.

 

Las ideas son pensamientos y los pensamientos se pueden cambiar. Cambiamos al tomar conciencia, al hablar, al gestionar acciones que promuevan la erradicación de prácticas violentas,  discriminatorias y deshumanizantes. Hacemos el cambio en nuestros hogares al educar a nuestros hijos e hijas, con base en los valores universales.  La  educación nos provee herramientas para debatir los argumentos cargados de prejuicios.  

 

Todo cambio conlleva un proceso, y debemos iniciarlo desde nuestros hogares.  Hablemos de interculturalidad, política pública, leyes en contra de la discriminación, diversidad, igualdad, derechos humanos, amor, autoestima, salud emocional, valores, sanar, crecer. 

 

El escritor francés Moliere dijo: “los hombres son iguales en sus promesas, es solo en sus actos donde difieren”.   Son nuestras acciones las que nos diferencian de los demás.  Cierre sus ojos por un momento e imagine que pasaría si su hija o hijo sale a la calle, y fuera víctima de discrimen, rechazo,  agresiones, que perdiera la vida, porque alguien piensa que su color de piel lo hace inferior y justifica los atropellos.

 

Imagine vivir con miedo de que algo pueda sucederle a  usted o a algún ser querido porque alguien piense que debe tratarlo mal, herir o agredirle por su color de piel, por su etnia.  Reflexione.  El racismo es un acto de deshumanización y violencia en contra de quienes lo sufren, es una creencia que podemos cambiar y es imperativo erradicarlo,  con educación, compromiso, lucha, concienciación, legislación.   Quiero compartirles un  poema muy especial para mí:

 

Yo soy Raza

 

Yo soy hembra, soy mujer,

 Por tierra fértil engendrada.

Impávido espíritu en piel de hechura esclava.

De brava parentela que luchan sus causas,

Y en sus entrañas dan vida, a la hija y a la hermana,

 

El corazón que combate, las  fatigas diarias,

y nutre su descendencia, con la caricia y la palabra.

 

!Fuerte el linaje que, por mi sangre danza!

Fuego es mi voz, que consume lágrimas.

Cuerpo desnudo, que el deseo baña;

Se descubre señora, de su piel y su alma.

 

Y el llanto que habita añejado en las caderas,

incita a la batalla, a la poesía y la irreverencia.

 

!Soy la historia fundida!

La de herencia marcada.

Rico el fruto, en acción y palabra,

Diseñó la vida, pasiones hiladas,

Yo soy hembra, soy mujer,

!Yo soy raza!

 

por : Keila C. Arismendi

Publicado en el (2018)

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