Para muchos mantenerse en este viaje resulta complicado. Hay espacios prolongados de dolor, lucha y hasta frustración. Otros nos enfocamos en la salida de esos periodos, en la fuerza que mantuvimos y nos permitió estar en ese camino pedregoso sin perder el equilibrio. Aunque no nos resulte agradable, hay quienes se encuentran constantemente “en la lucha”. Cuando los caminos te oprimen, cuando las alternativas no son cómodas o simplemente estas varado, estancado en medio de la incertidumbre, una opción más sana, serían las tres R: Retirarte, Respira, Re-toma. A  veces no hay tiempo para pausas, hay que continuar.

 

Quizás, es por eso, que no veo mal mantenerse en la lucha. Para mí, es una decisión que por convicción han tomado lo “guerreros” que han decidido no escatimar fuerzas, ni intensiones para continuar su rumbo. Conviví con uno, mi tío le llamaba “el General”. Fue un luchador incansable, aunque siempre vi su lado apacible. Luchó como muchos y como pocos, mi papá fue paciente de Esclerosis Múltiple.

 

Su condición fue mostrando síntomas en su adolescencia, con varios cambios, sobre todo en su visión y balance, lo que le impidió completar de manera continua su escuela superior y sus estudios en el Recinto de Mayagüez, Puerto Rico. Saltando escollos,  logró lo que tanto amaba y trabajó para los agricultores y por la agricultura, aunque ya no podía arar la tierra  ni criar animales. Así pudo seguir su pasión. Tiempo después, y ayudando a un agricultor anciano que se recuperaba de una reciente operación, entre compañeros, levantaron un quintal de abono, que cayó sobre él y su lado izquierdo quedo dañado. ¡Cuántas veces escuché esa historia! Recuerdo las imágenes que se formaban en mi mente como una película a colores. Mi papá no volvería a ser el mismo. Ese evento activó la condición, para la que no existe cura y en ese momento pocos medicamentos que pretendían aminorar los síntomas y no revertir los mismos. Nunca lo vi triste por el suceso, y ya de grande me decía que volvería a ayudar a aquel agricultor envejecido. La lucha de mi papá apenas comenzaba.

 

No faltó a una sola cita, y el guiaba hasta San Juan desde Comerío, siempre juntos, mi papá, mi mamá y yo. Era nuestra “cita de amor”. Terapias, medicamentos, estudios, dietas, ejercicios. Le dolía, pero no se quejaba, sus dientes se iban fracturando, porque mordía duro para distraer lo que sentía. Guiaba mucho, caminaba con ayuda de un bastón, pero caminaba mucho. Oía mucho la radio y comía mucho (nos decía que tenía que comer bien y de todo porque esos medicamentos no le iban a dañar el estómago), y se mantenía en el mismo peso. Todo parecía normal, excepto por sus caídas, por eso no me rio si alguien se cae, quizás luego, pero de inmediato mi reacción es de susto, porque lo vivía a diario. 

 

No recuerdo una sola queja de mi papá, aun cuando la esclerosis lo mantuvo encamado por siete años. Ni antes, ni en ese momento. Cuando le preguntaba cómo estaba él siempre decía: “En la lucha”, y sonreía. Por eso, cuando hace unos años una colega quiso explicar lo poco beneficioso que era decir esta frase, yo quise explicarle que para alguno significaba mantenerse vivo, alerta, dispuesto, orgulloso de lo que había alcanzado y sobrevivido. Que puede disfrutar el viaje, aun cuando tengas que ser un poco más valiente que el resto al pisar, y luchar con el miedo a caerse. Que salir al mar es toda una aventura porque dependes de alguien as o entrar a la ducha por que alguien debe sostenerte. Siempre es una prueba, un reto, pero el resultado traerá la sonrisa.

 

No creo que en aquella ocasión yo me haya explicado bien, por eso aprovecho estas líneas para decir que mi papá me enseñó a mantenerme en la lucha, en la bonita, la de logros y avances personales. La de la satisfacción, que significa el éxito en lo que se emprende y que mejor que enseñándome a vivir en agradecimiento.

 

Remar puede resultar el movimiento más fuerte cuando las fuerzas se van minando, pero llegar a puerto seguro nos hace agradecer la prueba por complicada que fuese.

 

Lizbelia Martínez Martínez

 

Hija, Madre y Esposa

Egresada de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras, se desempeñó por 17 años en el campo de las comunicaciones en diversas agencias del País. Tiene una trayectoria de más de 20 años como Maestra de Ceremonias de eventos privados y multitudinarios. Ha sido colaboradora en diversas publicaciones  y productora y creadora de espacios radiales como: Para Buen Entendedor y A Todo Poder, para el Programa Sabor Latino transmitido por IHeart Radio para Syracuse, NY y escuchado en toda América Latina y Puerto Rico. Se desempeña como coordinadora de eventos protocolares en el ámbito social y corporativo.

Actualmente, esta Mentor Coach de Desarrollo Personal, Organizacional, Liderazgo y Vida certificada, desarrolla e imparte talleres a mujeres, jóvenes, nuevos empresarios y sobre todos madres bajo su proyecto #PowerfullPeople, reconociendo y potenciando sus fortalezas y desarrollando sus habilidades.

 

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