Cercano y personal: De mujer a mujer

“Nos preguntamos: ¿Quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso?

Más bien, la pregunta es: ¿Quién eres tú para no serlo? Eres hijo del universo”.

 

-Marianne Williamson

 

El tema del amor propio es muy cercano y personal para mí.  Aunque en este momento en mi vida puedo decir que gozo de una autoestima saludable, no siempre fue así.  Provengo de una familia matriarcal, mujeres trabajadoras, que vieron en la educación una posibilidad de promover el cambio en sus vidas y la de sus hijos e hijas.  Mientras, lidiaban día a día con las presiones sociales, roles de género,  y la cultura machista.  Cada una hizo lo que pudo con el conocimiento y las destrezas que tenía.  La consigna, sobre: “cambios, superación, educación”,  fueron el pan de cada día, entrelazada con un sabor agridulce sobre, roles y deberes por ser mujer. Un sistema en donde se podían percibir algunas inconsistencias.

 

Con el tiempo, aprendí que esas llamadas inconsistencias de ser jefas de familia, y asumir roles por género, la doble jornada, “la mujer se educa pero es de la casa”, entre otros postulados, pertenecían a un contexto de lucha y transformación (el sistema versus el sentido de independencia y autovalía). 

 

Mi hogar (mi familia de origen),  fue la plataforma de transición en donde se generaron grandes batallas; y romper con ciertos patrones y paradigmas sociales, culturales o familiares es un proceso, que puede traer: tensión, heridas, y conflictos, para promover los cambios que esperamos.   “Uno se arropa hasta donde la sábana llegue”, mi familia trabajó con el conocimiento y  las herramientas que tenía al momento.   

 

No fue hasta llegada la adolescencia, en esa etapa de drásticos cambios, donde  se comienza  a lidiar con las demandas del aprendizaje, tomar riesgos, búsqueda de la identidad y la orientación valorativa, que se añadió una nueva batalla a mi lista de luchas personales: la presión de grupo y percepción de belleza.  Aunque mi sistema de valores era fuerte, y bien planteado, me tocó enfrentarme a los cuatro gigantes de tipo apocalíptico que jugaron un papel en mi autoconcepto y autoestima en general, estos son: Aprobación, Aceptación, Reconocimiento y Afecto. 

 

Busqué en la talla, el peso, el cabello, en fin traté de llenar las expectativas de otros, a través de los moldes pre hechos, en búsqueda de los gigantes, lo cual me provocó dolor.  Pude entender  que  llenar las expectativas de los demás,  me alejaba de mi identidad, verdadero ser y potencial. 

 

Luego de varios sinsabores, aprendí que la mayor batalla se encontraba en mis pensamientos, pero esos yo podía transformarlos.  Seguido de aceptarme y honrarme.  Mi percepción comenzó a cambiar, de una visión demandante de autoexigencias, hacia una perspectiva desde el amor, el amor propio.

 

Aunque en algún momento podamos sentirnos atraídas por  estos gigantes, la necesidad de ellos o apoyarse en los mismos  podría crear una sujeción a estos,  que en vez de fortalecer nuestra autoestima, la deteriora.  Hallar nuestra propia valía en medio de una sociedad que pretende imponer ciertos parámetros de belleza, y  roles, cómo ser y cómo actuar podría convertirse en una gran lucha diaria.  La aprobación, aceptación, reconocimiento y afecto que necesitamos inicia en nosotras mismas.  El amor propio es honrar nuestro ser e identidad; valorarnos, respetarnos, apreciarnos, independientemente del mundo exterior.

 

 

En mi proceso de vida, entendí que en mi familia la focalización en los estudios era la forma de expresar el amor propio, de comenzar un movimiento por romper patrones sociales, culturales y familiares.  La oportunidad para florecer como mujeres únicas e individuales, reconociendo la validez de nuestros sueños y aspiraciones. 

 

Ellas, las mujeres de mi historia fueron las que iniciaron el cambio, yo soy de la generación que promueve la transformación, y esa inició conmigo.  Amor propio, es conocer nuestra historia, creer en nuestras capacidades, cometer errores y perdonarnos, seguir, seguir y seguir. Amarse a sí misma, es cuidarse, atenderse, mimarse y celebrarse.   Una de mis escritoras favoritas, la poeta Maya Angelou, escribió :"Mujer fenomenal" ("Phenomenal Woman") aquí unos versos del poema:

 

Es el fuego de mis ojos,

Y el brillo de mis dientes,

El movimiento de mi cadera,

Y la alegría de mis pies.

Soy una mujer

Fenomenalmente.

 

En este poderoso poema Angelou, demuestra la fuerza, el carisma, la solidez y seguridad en ella misma. ¡Es una inspiración para mi!  He pasado por momentos de inseguridad, pero es el amor propio, (la aceptación de quién soy y cómo soy, de saber de dónde vengo y hacia dónde voy), que los  he podido sobrepasar.  Honro cada parte de mí.   

 

De mujer a mujer,  puedo decirte que he enfrentado luchas, y la mayor conquista ha sido dominar los pensamientos que me pueden alejar de desarrollar mi potencial, y lastimar mi autovalía.  Hoy reconócete como un ser único, irrepetible, merecedora de amor y digna de respeto; que no pase un día sin que reconozcas ¡lo maravillosa que eres!  ¡Ámate, ámate en grande!

 

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