Vulnerabilidad: una fusión de susceptibilidad y belleza


Para rendirse al amor es necesario ser vulnerable al amor. "Amor" (1972), Leo Buscaglia

Una de las lecciones, de la que aún continúo aprendiendo de la vida, es que la misma se compone de: relaciones, conectar con los demás y nuestras emociones. Desde las relaciones más sencillas o casuales, como interactuar con la persona que nos cobra en la farmacia; hasta relaciones más profundas y complejas, como una pareja o la familia. Cuando conectamos con otras personas, establecemos un vínculo, una asociación, un canal, un puente; para ser receptoras, pero al mismo tiempo abrimos nuestro ser, permitiendo que se revele nuestro interior.

Brene Brown, investigadora y trabajadora social, refiere en los hallazgos de sus investigaciones, cuatro elementos sobresalientes, que han ayudado a las personas en su desarrollo y solución de situaciones, éstos son: la valentía, la compasión, la conexión y la vulnerabilidad. Sin embargo, mantenemos resistencia para abrir nuestro ser , revelar, y expresar emociones.

Recuerdo que desde niña, expresaba mis emociones de forma muy clara, podía llorar viendo alguna película (todavía me pasa), lo cual fue percibido por algunas personas a mi alrededor como una “debilidad de carácter” y “eres muy emocional”. Por mucho tiempo me cuestioné tal “debilidad”. Fueron las palabras de una maestra y pastora, que me hicieron cambiar mi auto-percepción. Me dirigió a focalizar los aspectos positivos, y lejos de ver una “debilidad” en mí, me enseñó a ver las fortalezas de poder conectar con otros.

Aceptarme abrió las puertas para descubrirme, abrazarme y mirarme con amor, provocando un estado de bienestar y conciliación conmigo misma. No ha sido un proceso sencillo, pero ha estado lleno de muchas satisfacciones y crecimiento personal. En el camino he encontrado personas que “adormecen”, ciertas emociones o “bloquean” ciertos canales para no exponerse vulnerables, lo cual es un proceso muy personal.

El miedo y la vergüenza pueden ser sentimientos muy persuasivos. Vivimos en una sociedad acelerada y demandante, adornada de estereotipos que solo producen, desgaste emocional, pérdidas, y baja autoestima. Se compite por popularidad, perfección, posición social o “status” en las redes sociales; y nos resguardamos de no sufrir, nos resistimos a sentir, evitar heridas, o lastimaduras; nos desconectamos de nuestro propio ser y de las personas que nos rodean y aprecian genuinamente. No nos percatamos que la vulnerabilidad nos hace auténticas, porque nos permite mostrarnos tal y como somos.

Hace algún tiempo leí sobre el kintsukuroi, el arte japonés de recomponer algo que se ha roto. Si una pieza de cerámica se rompe, no se deshacen de ella, sino que la reparan rellenando la grieta o fractura de la pieza con oro. La pieza representa la restauración; una combinación de fragilidad y belleza. Para mi, así es la vida, una interesante fusión de adversidades, grietas, creación y belleza.

El amor, la compasión, la gratitud, la creatividad y la alegría emergen de la susceptibilidad y valentía de ser quienes somos. Hoy abrázate y conecta contigo misma, verás que experimentar la vulnerabilidad te hace hermosa. Ten presente que es un proceso individual y cada persona va a su paso, en su propio proceso de redescubrirse.

A continuación les comparto algunas de las prácticas que realizo para conectar, y cuidar mi salud emocional:

  1. Me tomo un tiempo durante el día, para respirar de forma consciente, concentrarme en el aquí y en el ahora (Practico el Dancing Mindfulness).

  2. Si estoy manejando alguna situación estresante, antes de tomar una decisión, tomo un espacio para reconocer y validar mis emociones.

  3. Camino

  4. Soy real conmigo misma.

  5. Practico la meditación, reflexión u oración.

  6. Organizo en mi agenda, un café con una amiga, salida al teatro, o alguna actividad que desee realizar (si está escrito, mantengo la tendencia a cumplirlo).

  7. Reconozco mis límites y recuerdo que los cambios requieren: espacio, tiempo, transiciones, osea que es un proceso.

  8. Celebro mis pequeñas victorias diarias.

  9. Practico la gratitud.

  10. Reconozco al menos tres situaciones positivas en mi día.

  11. Escucho a mi cuerpo y lo estoy tratando con cuidado. Si voy hacer algún tipo de ejercicio o modificación en mis hábitos alimentarios, lo trabajo desde la perspectiva del amor y la salud.

  12. Me abrazo.

  13. Mantengo una red de apoyo con personas de mi confianza.

  14. Me recuerdo a mi misma que pedir ayuda, también es un acto de amor propio.

MCV

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