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Historias de jabón y pollo

November 2, 2019

 Era una hermosa tarde de invierno tropical. El cielo azul y despejado desplegaba una claridad deslumbrante que anunciaba con trompeta dorada un día de ensueño. Afuera, los alegres pajaritos cantaban, sinfónicos y agasajantes, amenizando la sorpresa por venir. El príncipe azul se acercaba al balcón del castillo en su corcel de azabache y ébano, donde la princesa le esperaba con ojos de esperanza y de miel. Del bolsillo de su chaqueta de terciopelo saca, envuelta en un pañuelo de seda bordado en hilos de oro, la sortija con la cual le rogaría a su amada que le acompañara a compartir su aire y su pulso para siempre….. Así mismo NO ME PASÓ A MÍ. Invierno tropical, sí. Pajaritos cantando, me imagino. Cielo azul, meh. Mi príncipe llegó a pie, de la sala al frente del fregadero en la cocina, donde yo, con las manos enjabonadas con residuos de pollo, lavaba el remanente del almuerzo. Sin pizca de romanticismo, me dijo: “Mira, mídete esto, a ver si te sirve. Cuídala, que me costó cara.” Y así, queridos lectores y amigos, comenzó mi compromiso con el compromiso.

 

El matrimonio es el comienzo de la devoción al prójimo. Como tanto añoró usted, llega a su vida el compromiso con su pareja. Debe ser relativamente normal el querer arrancarse las cabezas al principio de la relación de convivencia, ¿no? Al fin y a la postre, todos somos seres diferentes. Pasa el tiempo y va la gente madurando y dándose cuenta de que alcanzar un compromiso en cuanto a las “boberías” diarias es considerablemente más económico que pagar un abogado de divorcios. Empieza uno, entonces, a escoger las batallas: “OK, deja la ropa sucia en el bidet en lugar de ponerla en el hamper, aún cuando éste quede a nueve centímetros del bidet. No problem.”. No tire las letras al aire y le dé un trastazo en la cabeza con la tabla de Scrabble. Ceda un poco y acepte que la palabra “pichar” existe. Pichée y sean todos felices. Cualquier parecido con mi realidad es pura coincidencia. Antes vivíamos con una tolerancia y aceptación excesiva, de esas que llevan al resentimiento y que demuestran lo fuerte que es uno al no atacar a nadie con un bate de béisbol. Ahora alcanzamos el compromiso perfecto; él admite que está equivocado y yo estoy de acuerdo. Así evito las úlceras, el estrés y la cárcel.

 

Pasamos la página y la cigüeña nos trae descendencia. Es chévere porque nunca más estaremos solos. Nunca. Tiene uno compañía hasta en el baño- que no acabas de sentarte en el retrete después de un día entero e inmediatamente escuchas: “¡MAAAAAAAAAAAA!”. El compromiso con los hijos es, básicamente, parirlos, darles amor incondicional, mantenerlos vivos, educarlos y dejarlos ir. A veces no le prestamos mucha atención a los detallitos, pero es importante asegurarse de que, si su hijo quiere ser Superman, no se vaya a antojar de volar por una ventana. Si quiere ser Aquaman, unas lecciones de natación no vendrían mal. Si su hija quiere un príncipe, que no sea uno de esos árabes con las siete esposas y que, si quiere ser bailarina, no sea en un establecimiento de los que tienen un tubo instalado…. Podría darle cientos de ejemplos más para demostrarle que, en realidad, hay que comprometerse al criar un hijo, pero me va a dar calambre en la mano.

 

A todo esto, ¿dónde dejamos el compromiso con nosotras mismas? Sin darnos cuenta, dejamos de ser nuestras para ser de otros. Cuando usted se enferma, ¿alguien la cuida? Porque, mire que eso de “en la salud y en la enfermedad” es un saco de estiércol. Hablar de compromiso unilateral….. Cuando mi esposo se enferma, yo le pido a Dios que lo cure, que lo mate o que me lleve a mí. ¡WOW! Eso es trabajo 24/7 y lo que le aflige es una porquería de catarro nasal. Ahora, que yo no me enferme…. Explota la casa, empieza a llover de abajo hacia arriba, el perro macho sale embarazado, el sol no sale y se &%$#@* la cosa. Y nadie me trajo ni un cuadrito de papel higiénico para soplarme la nariz. Ser egoista no necesariamente es malo. Quien más necesita de uno es uno mismo. No podemos entregarle a nadie la llave de nuestra felicidad. Necesitamos tiempo propio para ir al spa, al gimnasio, al salón de belleza; tiempo para concentrarnos en lo que nos guste y así no perder la cordura y no parecer la abuela de nuestros hijos o la madre de nuestros maridos. Sáquese la plasticina de debajo de las uñas, salga de su casa, hable con adultos y aplaque esas tendencias homicidas que provocan las canciones de “Atención Atención”, los “Wiggles” y, en mis tiempos, el diabólico “Barney”. Tenemos que amar y comprometernos con los nuestros, pero no podemos morir en el intento. En algún momento leí que el compromiso conlleva lealtad, respeto, esfuerzo, determinación, responsabilidad, disciplina y constancia. Si aplicamos esto a nosotros, comprométase con usted mismo. Sea leal a su esencia. Respete que es humano, con virtudes y defectos. Esfuércese por ser hoy un poco mejor que ayer. Tenga la determinación y las ganas para alcanzar sus metas; las pequeñas victorias llenan el alma. No olvide su responsabilidad como individuo, como guía y como pareja. Tenga la disciplina para programar sus días de manera que sean productivos. Finalmente, sea constantemente un ser de bien. Recuerde sus valores y aplíquelos.

 

El compromiso es una labor intensa de amor, de tolerancia, de sacrificio y de entrega. Al final, vale la pena saber que es alcanzable- y todo esto festejando que aún merodeamos por la libre comunidad. Escriba, ejercítese, medite, pinte. Ocúpese de usted. Tómese ese champansito a las 11:00 am, que en Europa son las 5:00pm. La persona más importante de SU vida es USTED. ¡Hasta la próxima!

Doris Casasús Madre, esposa, artista, escritora, poetisa, maestra, científica, chef, psicoterapeuta, doctora, veterinaria, taxista, plomero, electricista y sicaria, depende del día.

Mayagüez, Puerto Rico

Email: dcasasus@yahoo.com

 

Instagram: @dcasasus @quemaobyd 

 

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