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© 2017 Mujeres con Visión

Ningún lugar está lejos

 

En Puerto Rico hemos olvidado dos cosas: somos una isla y caminar de un pueblo a otro no es tan lejos.

 

El huracán María me obligó a mudarme a los Estados Unidos. Al principio seguía pensando que un viaje de más de dos horas en carro era demasiado. Ahora, a veces debo guiar hasta 12 horas en un día. Para ir a mis senderos favoritos, el viaje ida y vuelta es de más de tres horas.

 

Estar en carro de una ciudad a otra es algo que poco a poco se va convirtiendo en común. Ya una salida de una hora es “ahí al lá’o”.

 

Mis primeros senderos eran cortos, de una o dos millas. Luego intenté uno de un poco más de ocho millas y me mató. No llevé mis palitos de hiking y estuve arrepentida por al menos cuatro días. Me dolía hasta el pelo.

 

Luego de pagar la novatada de ir a un sendero si prepararme, estoy practicando varias veces al mes y ya puedo caminar con cierta facilidad las rutas más largas y complicadas. Un sendero de una o dos millas me deja con las ganas. Quiero ir cada vez más alto y más lejos en las montañas.

 

A mí no se me quita lo puertorriqueña con nada. Eso sí, aquí he llegado a reconocer que no existe la palabra “lejos” y que trabajar y disfrutar muchas veces conlleva recorrer largas distancias en carro o a pie. Lamento todas las veces que no fui a Boquerón o a Maunabo porque estaban “lejos”. Debí recorrer más y más a menudo mi isla, tan llena de maravillas.

 

Recuerdo escuchar una vez que la peor maldición de un tribu era desear a una persona que se quedara en el mismo lugar para siempre. Luego de conocer las maravillas de nuevos lugares, pienso igual que ellos. No nacimos para vivir y morir en el mismo sitio. Nuestro cuerpo y nuestra mente, aunque lo neguemos, están hechos para la aventura.

 

Si vives en la isla, te invito a repensar tu concepto de “lejos”. Las mejores aventuras de tu vida están más cerca de lo que piensas. De cualquier forma, una vivir una aventura vale el sacrificio que puedas pasar en tu carro o sobre tus pies. No en balde hay tan pocos libros sobre personas que han pasado sus vidas sentadas. En Puerto Rico y en el mundo no hay nada lejos.

 

 

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