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El valor de volver a amar

El valor es una virtud universalmente admirada. Las personas valientes han motivado cambios en la sociedad que los ha llevado a convertirse en los héroes de las generaciones posteriores. Es un fenómeno que pasa en todas las culturas.  Los filósofos han reflexionado sobre estas cuestiones desde la antigüedad. La psicología-que tuvo un comienzo significativamente posterior a la filosofía- se ha centrado más en el miedo o su ausencia que en el valor per se. La mayoría de los filósofos y psicólogos están de acuerdo en que el valor implica la persistencia en el peligro o las dificultades.

 

Cuando somos niños, el valor viene de los superhéroes que derriban a los malos y salvan el mundo.  Sin embargo, a medida que envejecemos, ampliamos nuestros horizontes y experimentamos la vida misma, vemos las gestas y logros de otras personas-comunes y harto conocidas- como valientes. El valor es también una cualidad que admiramos en líderes y visionarios que redundan en cambio social. Pero a veces estas narraciones hacen que el valor parezca una virtud elevada ¿Podemos podemos ser valientes sin hacer una gesta heroica? ¿Es el valor una virtud que podemos cultivar a diario?

 

Creo que un ingrediente clave para la felicidad es ser valiente. Cuando decidimos buscar la felicidad a través del amor es cuando más latente se hace la valentía.  Para ser valiente también hay que ser honesto. Amarse a si mismo requiere una gran dosis de honestidad. Amar a otra persona es un acto de valentía. Para amar a otro, necesitamos primero amarnos a nosotros mismos. Se necesita valor para mostrar tu corazón vulnerable a otro, abrir tu alma a otro ser, y confiar en que, pase lo que pase, estarás bien. Hay veces que para amar tenemos que tener el valor de romper esquemas y dejar ir los ideales que nos hemos construido durante toda una vida para aceptar una persona alejada de ese constructo. Amar es un acto de valentía cuando aceptamos los defectos de nuestra pareja y nuestra propia vulnerabilidad ante los posibles conflictos que estos dos elementos pueden traer a la relación. Hace unos meses decidí ser honesta y confesarle a otra persona los sentimientos que provocaba en mí. Confieso que es uno de los momentos donde más valiente he sido en los últimos años. Comenzar una relación es un acto de valentía y nutrirla diariamente con comunicación y entendimiento es una gesta heroica en una sociedad donde las relaciones estables escasean cada día más. 

 

Amar a una persona en los momentos difíciles es un acto de valentía. No tenemos que ser un superhéroe para demostrar empatía, amor y valor. Ser persistente y superar escollos o situaciones adversas es requisito para poder amar.

 

Todos tenemos la capacidad de vivir valientemente en nuestras vidas, todos los días. Cuando escogemos amar  nuevamente somos valientes.

 

 

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