La importancia de decir NO y establecer límites sin sentirme culpable


Hace unos años llegó a mis manos el libro “Límites Sanadores, Estrategias de autoprotección” de Anselm Grun y María Robben. Ese libro cambió mi vida, me abrió los ojos y me hizo comprender que me estaba perdiendo a mí misma por no saber decir NO. Siempre preocupada por cumplir las expectativas de los demás sobre mi rol como mamá, esposa, hija, hermana, amiga, profesional… pero me estaba olvidando de mí misma. Y cuando sacaba un tiempo mínimo para hacer algo para mí, como hacerme una pedicura, ir de compras, ver una serie en televisión o leer un libro en mi cuarto… me sentía culpable. En mi mente decía: ¿No deberías estar lavando ropa, preparando un curso, llevando a los chicos a sus prácticas? … Entonces no podía disfrutar la actividad pensando en lo que “debería” estar haciendo.

Así vivimos muchas mujeres, madres, esposas, profesionales. Tenemos una visión de lo que “deberíamos” hacer cada momento del día, agendando todo para cumplir con las expectativas de los otros, olvidándonos de nuestras propias expectativas, metas y necesidades. Entonces puede llegar el momento en que se nos apaga el “switch”, nos fundimos, nos enfermamos. Sólo cuando logramos identificar nuestros límites, los acogemos y nos aceptamos, lograremos paz, felicidad y equilibrio emocional. Esto no significa conformarme o no retarme a mí misma para hacer cosas extraordinarias. Significa no sobre exigirme y sentirme bien diciendo “no puedo”, “hoy no”, “esto no lo aceptaré”.

He aprendido con los años que no tengo que ser una súper mama, súper esposa, súper hija, súper patóloga del habla…Solo tengo que ser una mujer feliz y en paz y mis demás ocupaciones fluirán. Claro, esto es un trabajo diario, un compromiso que tengo que hacer con “misma” a cada minuto.

En este tema de los límites hay muchas perspectivas y extremos. Por ejemplo, hay mujeres que se ponen tantos límites que pierden la oportunidad de descubrir que son capaces de hacer cosas que jamás imaginaron. Son mujeres que muchas veces describimos como frágiles, porque se auto limitan por el más mínimo riesgo que puedan correr. Es meritorio señalar que muchas de estas conductas tienen su raíz en situaciones de la niñez, patrones de crianza, entre otros elementos de personalidad. No obstante, es tan negativo no tener límites y extralimitarse como imponerse demasiados límites. La clave está en saber hasta dónde yo puedo ser flexible con mis propios límites y cuando reconocer con humildad que estoy sobre exigiéndome.

La importancia de establecer límites sanadores y decir No, va más allá de sacar tiempo para hacer algo que nos gusta; también se trata de rechazar y descartar algo que NO nos gusta. Hay personas que traspasan nuestro límite, no respetan la distancia física y evidencian conductas de abuso. En el ambiente familiar, entre parejas, entre padres e hijos, en el ambiente laboral, en fin, en nuestro diario vivir, podemos enfrentar personas que traspasan los límites; tanto los creados por la sociedad, como los individuales.

El abuso es el resultado de no reconocer los límites (de la persona que agrede como de la persona agredida). Hay personas que no aceptan un NO y personas que no saben decir NO.

La persona que no entiende o no acepta un NO como respuesta, buscará la manera de persuadir, engañar y lograr su objetivo, incluso haciéndote sentir culpable por haberlo “rechazado” en un principio. Pero establecer límites no es sinónimo de rechazo, al contrario, es sentar las bases para una relación de respeto y armonía.

Es por esto que necesitamos delimitarnos. Cada persona, aunque viva en pareja, necesita un espacio propio. El convivir con otra persona no es sinónimo de fusionarse, la convivencia debe permitir distancias saludables tanto exteriores como interiores.

Los límites exteriores los podemos establecer dialogando sobre espacios de soledad, salidas con amigas, tiempos de ocio individuales, entre otros. Y los límites interiores los establecemos desde adentro de nuestro ser, cuando decidimos que lo que diga o haga la otra persona no va a determinar mi percepción sobre mí misma y no va a transgredirme emocionalmente.

Conocer, establecer y sobrepasar límites es saludable para nuestra vida porque nos permite crecer. Hay límites exteriores, límites interiores, límites temporales y hay personas que no tienen límites. Hay límites que debemos sobrepasar y límites que debemos mantener constantes. Pero cuando encontramos nuestro centro, desde nuestro interior crearemos una barrera a la manipulación de quienes quieren controlar nuestra manera de actuar y hasta de pensar. Lograr nuestra armonía interior nos permitirá tener claro lo que queremos. Encuentra tu centro, nutre tu alma y tu espíritu. En mi caso lo nutro con oración para escuchar la voz de Dios. No siempre tengo éxito estableciendo el límite o tratando de sobrepasar algún límite autoimpuesto, pero soy un trabajo en proceso y tengo claro que solo yo controlo mis límites.

Luego de que tengamos claro cuáles son nuestros propios límites, entonces podremos identificar conductas de abuso. Si en algún momento sientes que otra persona está traspasando tus límites y te hace sentir incómoda, reacciona y exprésalo. A lo mejor te sientes tentada a justificar esa conducta pero en tu interior sabes que es una señal de alerta que no debes ignorar. Si te sientes transgredida, sal de esa relación y busca ayuda.

Cultivemos el hábito de poder decir No sin sentirnos culpables, sin tener que dar una justificación, con calma, serenas y claras. ¡Establezcamos límites sanadores!

Yanira Figueroa Crespo

Patóloga del habla-lenguaje

Directora del Club DISELO

Contactos: clubdiselo@gmail.com

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