“Keto diet”: más allá de perder peso


Tal vez han escuchado de una nueva tendencia a seguir una dieta cetogénica o mejor conocida como “keto diet”. Celebridades como las Kardashians y Halle Berry hasta atletas como LeBron James han auspiciado este tipo de nutrición en los últimos años argumentando que tiene beneficios a la salud y que promueve pérdida de peso. ¿Pero, qué exactamente es la “keto diet” y cómo funciona?

En esencia, la “keto” es una dieta baja en carbohidratos y alta en grasas. Su función parte de la premisa que al sustituir carbohidratos por grasas como fuente principal de energía podemos cambiar la manera en que nuestro cuerpo procesa la comida. Normalmente nuestro sistema digiere carbohidratos - los convierte en moléculas sencillas como fructosa, galactosa y glucosa- para obtener energía rápidamente. Cuando no ingerimos azúcares entonces el cuerpo utiliza otras fuentes de energía como la grasa. Al seguir una dieta “keto”, que se basa en 70% grasas y muy pocas o ningún azúcar, entonces el cuerpo entra en un estado de cetosis donde la grasa acumulada se convierte en cetonas para mantener los niveles de energía adecuados. Es de esta manera que la dieta promueve la pérdida de peso y reduce los niveles de azúcar en la sangre.

Lo interesante es que la dieta “keto” no es un concepto nuevo sino que fue desarrollada por científicos en los 1920s. Su uso inicial fue en pacientes epilépticos que mostraban resistencia a tratamientos tradicionales. Aunque actualmente se combina el uso de drogas antiepilepticas con esta dieta en ciertos pacientes y se ha documentado su beneficio en esta población por años, nadie había podido explicar cómo la dieta “keto” ejerce su función antiepiléptica.

Recientemente un grupo de científicos en UCLA describió el mecanismo por el cual la dieta “keto” resulta en beneficios antiepilépticos utilizando ratones como modelo. Como pueden imaginar, cambiar de una dieta balanceada a una dieta tan drástica como la “keto” produce muchísimos cambios más allá de simplemente quemar grasas. Uno de estos cambios involucra la microbiota -o el contenido de microorganismos- del intestino. Los científicos estudiaron dos grupos de ratones, uno que mantuvo una dieta con carbohidratos y uno que siguió una dieta “keto” (alta en grasas). Como se ha visto en humanos, los animales bajo la dieta keto sufrieron menos ataques epilépticos y requieren niveles más altos de estimulación antes de un ataque que aquellos bajo una dieta balanceada. Además, descubrieron que dos tipos de bacteria (A.muciniphilay P. merdae) proliferan en el intestino bajo la dieta “keto” y este cambio es evidente en tan solo 4 días.

Los investigadores se dieron a la tarea de cuestionar si estas bacterias son responsables de los efectos antiepilépticos o si otros factores que cambian a causa de la dieta tienen un rol. Para contestar esta pregunta los científicos inocularon ratones bajo la dieta balanceada con las bacteria A.muciniphilay P. merdae. Sorprendentemente, el mero hecho de que estos ratones adquieren cantidades elevadas de ambas bacteria fue suficiente para prevenir ataques epilépticos. Estos resultados dan luz a la conclusión que el cambio en la microbiota del intestino, que resulta de una dieta alta en grasas, es el factor clave para producir sus efectos antiepilépticos y no el cambio en el metabolismo, como se había propuesto anteriormente.

El estudio se publicó en la revista científica Cell con autores principales ambas mujeres y es uno de los estudios más detallados al respecto. A raíz de estos resultados se ha propuesto la técnica de transplante fecal como un posible remedio para pacientes de epilepsia y ha reforzado la idea que cambiar la dieta puede tener consecuencias mayores al organismo más allá de perder (o ganar) peso. Por ende, si piensa seguir esta dieta, considere todos los cambios por los que puede pasar su cuerpo y consulte a un médico y/o nutricionista.

Artículo de referencia:

Olson et al., 2018, Cell 173, 1728–1741

Gabriela Rodríguez, Ph.D.

Gabriela tiene un doctorado en neurociencia de Johns Hopkins University y actualmente ejerce una posición de post-doctorado en Max Planck Florida Institute for Neuroscience. Vive en West Palm Beach, FL donde disfruta jugar tenis e ir a la playa con su perra “Nena”. *Nota descargo de responsabilidad: Las opiniones aquí expresadas son de la autora y no representan a MPFI

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