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Senderismo, Mi Medicina

August 8, 2017

Todavía me acuerdo de esa primera aventura como si hubiese sido ayer, cuando fui en búsqueda de esa cascada desconocida. No había escuchado de su existencia, hasta una semana antes de aquella expedición que inicio mi interés por el senderismo. Les cuento que yo viví por más de 30 años en Bayamón y nunca conocí de la existencia de esa hermosa cascada. Claro, no existían las redes sociales y GPS que facilitaran el descubrir lugares hermosos como este. Desde el primer momento que vi una foto me enamore de ella, fue un amor a primera vista. Existía en mí una curiosidad inmensa como también incredulidad. Esa desconfianza la aprendí durante mi maestría, lo que siempre nos recalcaban los profesores y que continuamente se repite en mi cabeza, siempre corroborar que la fuente de información sea confiable. Pero, ¿cómo verificar esa información?, no conocía a nadie que me pudiera ofrecer ayuda y el internet está plagada de información falsa. La única forma en que yo podría confirmar su existencia seria ir personalmente y tomar evidencia fotográfica. El nombre de esa cascada desconocida, que había robado tanto mi corazón como también mi atención, es la Cascada del Charco Prieto en Bayamón.  (Imagen a la Derecha muestra el Charco Prieto en Bayamón)

 

 

 

 

 

 

 

 

Para poder tener éxito en mi expedición necesitaba una información certera de cómo llegar a mi punto de partida. Logré encontrar un texto en una página de internet de cómo llegar, ¿habré encontrado mi salvación? Al final de unas instrucciones, que debo admitir que me inspiraban poca confianza leí: "Continuarás esta carretera al ver una pequeña casa de color marrón y un puente. Aquí te puedes estacionar y prepararte, pues nuestra aventura nos lleva río arriba” (Ramos, 2015). Luego de ardua búsqueda en el internet, encontré una página con las coordenadas de la casa que mencionó lo que había conseguido anteriormente.  (A la izquierda: )

 

¿Será posible que encontré la información necesaria para comenzar mi aventura? Entré la información en el Google Maps y tracé mi trayectoria al lugar. Solo podría saber si este es el lugar cuando comience mi aventura y finalmente llegue al encuentro anhelado.

 

El día anterior de la aventura y después de salir de mi trabajo, fui a las tiendas a comprar todo lo necesario para mi aventura. Compré mochila, bolsas Ziploc de varios tamaños, barras nutritivas, un pantalón para senderismo, entre otras cosas. Sin ningún

entrenamiento en estas cosas de expediciones, yo me creía un experto. Cuando llegué a mi apartamento preparé la mochila mientras pensaba en mi meta, ¡encontrar y fotografiar esa cascada que se había apoderado de mis pensamientos! Eché en la mochila cuatro botellas de agua, cuatro barras nutritivas, repelente de mosquito, papel de baño dentro de una bolsa Ziploc (por si tengo que dejar mi DNA en el bosque, uno nunca sabe), una botella de antibacterial, bloqueador solar, las bolsas aprueba de agua, el trípode y la cámara. Finalmente preparé dos emparedados y los coloqué dentro de una bolsa de Ziploc en la nevera. Al acostarme verifiqué mi lista de las cosas necesaria para mi aventura mentalmente. Solo faltaban horas para el comienzo de aquello que durante la semana me había llenado de expectativas e ilusión.    

 

Me levanté temprano, antes de que sonara el despertador, ¡el día de la aventura había comenzado!  Coloqué los emparedados dentro de la mochila, me puse la ropa, una gorra y las gafas, estaba listo para al encuentro que por una semana había planificado. Llegué al punto donde me llevó las coordenadas y en efecto había una casa abandonada y un puente, al verlos de la emoción grito ¡YESSS! Me estacioné, me puse la mochila y comencé a explorar para ver si encontraba la vereda. Como no la veía decidí bajar al rio e ir caminando contra la corriente.  

 

Comencé a escuchar el concierto que me estaba regalando la naturaleza, el sonido de los pájaros, el río corriendo entre las piedras y el viento escurriéndose entre las ramas de los árboles. Unos cuantos pasos más adelante y vi una vereda, mi corazón se agitó de la emoción. Comenzó mi expedición en búsqueda de aquello que con ansias deseaba encontrar. Durante el camino en la vereda comí una buena cantidad de tela de araña, hasta que decidí sacar el trípode y utilizarlo para removerlas, antes de que me abrazaran. En un momento dado, me di cuenta que no tenía conexión en mi celular, no podía recibir mensajes, llamadas o podía verificar los estatus en Facebook. Ahí entonces analicé que contaba con la conexión que realmente necesitaba en esos momentos, estaba conectado con la naturaleza.

 

Cruce el río en varias ocasiones para poder seguir en la vereda, observando y fotografiando lo que estaba viviendo. De repente escuché el sonido que pude reconocer como el que hace una cascada. Aceleré el paso. ¿Será la cascada? ¡Sí! Al verla recordé el video que había visto en el internet, antes de la cascada principal encontraría una pequeña. Esto era una buena señal, estaba en el camino correcto, en ese momento sentí el deseo de correr en lugar de seguir caminando. Luego de sacar varias fotos continué mi camino, en esta ocasión con un paso más acelerado, deseaba terminar con la incertidumbre quería llegar a la meta. Finalmente encontré la Cascada de Charco Prieto, era cierta su existencia y era más hermosa de lo que pude haber imaginado. Como reverencia, antes de sacar una foto me senté en la roca que se encontraba más cerca de ella, saque un emparedado y una botella de agua. Quería compartir mi comida con ella, escuchar todo lo que me quería decir. Estaba impresionado con lo maravillosa que era esa creación, lejos de contaminación creada por el hombre. Luego de estar sentado un largo rato, saque mi cámara y tome muchas fotos como evidencia de que aquella hermosa cascada existía.

 

 

Entonces, ¿porqué practico en el senderismo? La realidad es que durante una semana había dejado de pensar porque ella me dejó, que yo hice mal, que pude haber hecho mejor para continuar con la relación. Aunque esto de la terminación de una relación amorosa es tema para otro artículo, la verdad es que me encontraba en un proceso de depresión. No podía concentrarme en el trabajo, cometía errores, no quería salir de mi apartamento y se me hacía difícil conectarme con otras personas. Hay personas que necesitan medicamentos para la depresión, otras necesitan terapia psicológica y todo eso está bien, cada persona es diferente. Ante esta situación que vivía comencé en el senderismo y puedo asegurar que estoy viviendo el momento, he mejorado mi desempeño en el trabajo, he cambiado mi perspectiva de la vida. Continuamente estoy conociendo nuevas personas y teniendo nuevas aventuras.

Las relaciones amorosas son importantes en nuestras vidas, pero el no tenerlas, no son un impedimento para disfrutar la vida al máximo. En mi caso funcionó el senderismo, esa conexión con la naturaleza fue suficiente para eliminar la depresión que estaba pasando. Esto, no es una receta infalible contra la depresión, como dije anteriormente cada persona es diferente. Lo importante es que existen métodos alternos para terminar con un proceso depresivo.

Dos años después regrese a ese magnífico lugar, la Cascada de Charco Prieto, pero en esta ocasión acompañado de nuevos amigos.

 

 

 

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