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Componente K

May 19, 2017

 

 

15/jules/2045
 

El meteorito impactó a Norteamérica hace un mes. Creí que no nos afectaría mucho, pero el calor es aplastante. Por si fuera poco, Vera me acaba de decir que el gobierno federal planea apropiarse de nuestros terrenos de cultivo y cuerpos de agua. “Nos van a quitar lo que nos queda,” me dice. La dejo hablarme, la dejo divagar con respecto a nuestros derechos como ciudadanos autóctonos a exigir una rectificación de lo que es el sentido de propiedad nacional. La dejo hablar hasta que se cansa y se echa a llorar en su camastro. Miro por las persianas, hacia el solar baldío donde antes hubiera yerba alta y algún estanque de aguas negras.

 

Me siento como ese solar en las afueras de su oasis: destrozado por un cielo sin nubes, por su sangre naranja. La Julián Assange nos está quedando pequeña. Antes que cayera el meteorito y la gente comenzara a llegar de otras partes de la Isla, la habíamos ocupado un par de mis amigos y yo, desobedientes a las advertencias del gobierno sobre actos de terrorismo o de bombas químicas plantadas en las escuelas. Habíamos perdido familiares y amigos por el hambre, pero en realidad queríamos huir del destino casi inescapable de ser soldados para el ejército nacional.

 

Pronto tendré que volver al sótano: creo que he escuchado a Casillas soltar un grito de emoción… ¿Habrá logrado progreso con el Componente K?

 

23/jules/2045

 

Casillas y yo hemos decidido continuar con la implementación del brassinoesteroide K a los cultivos de lechuga deshidratada. El resultado de la fase experimental ha sido esperanzador: el Componente K ha acelerado la mitosis y meiosis de células vegetales en crecimiento sin alterar sus componentes nutricionales ni transmitir agentes patógenos. ¡Estimamos aumentar la producción de lechuga y de trigo orgánico en un 300%! Es justo lo que necesitamos para relajar las tensiones con nuestras comunidades vecinas, la Escuela Agustin Stahl y la Escuela de Tecnología Marie Curie: ellos nos proveerán con material para crear una red cibernética local y nosotros abasteceremos sus “alacenas”.

 

Han llegado varios colegas de la Marie Curie: nos informan que cientos de adultos y niños se dirigen a nosotros desde la capital. Vera ha levantado voz de alarma entre algunos amigos de confianza: piensa que los recién llegados pueden ser espías. Le recuerdo que no hemos hablado a nadie de los detalles de la fórmula, pero está muy nerviosa y se ha encerrado en nuestra habitación. Puede que luego, cuando culmine nuestra asamblea con la gente recién llegada, esté dispuesta a ver el lado positivo al asunto. ¡El sistema de canjeo aseguraría que todos ganáramos y que tuviéramos oportunidad a reclamar la escuela como nuestra!

 

Gómez y Lugo, las líderes de Agustin Stahl y Marie Curie, han prometido respaldar nuestro movimiento de resistencia. Nos han confiado que varios agentes del gobierno están al tanto de nuestro progreso, pero que a pesar de sus sistemas de rastreo en la red cibernética nacional, no han logrado localizar dónde se origina la salida de información. No importa: nuestro progreso con el Componente K no será transcrito a códigos electrónicos.

 

28/jules/2045

 

Dioses… no entiendo cómo pudo haber sucedido. Los aparatos prestados por la Agustín Stahl dan lecturas conflictivas del Componente K. Me he reunido con varios profesores provenientes de la extinta Universidad Nacional y me han dicho que el material aislante en el cual envasamos el acelerador de mitosis estaba reaccionando a nivel molecular. Le he hablado a Vera de la situación y me ha amenazado con decir al gobierno que hemos creado un arma química. He perdido el control y le he pegado fuerte: no he soportado su egoísmo. ¿Cómo puede amenazar con comprometernos de esa forma?

 

Hemos recibido una notificación desde la Escuela Marie Curie sobre un comunicado del gobierno federal: “Hemos recibido noticias de la utilización de un agente patógeno en las escuelas de la Región Central II, bajo garantías de ser un fertilizante natural. Semejante compuesto puede ser peligroso a la salud. Recompensaremos, a quienes informen sobre los detalles de semejante fertilizante o de su foco de producción, con un puesto en el Crucero Selenita.” ¡Malditos sean! ¡Es una mentira, toda una mentira para hacer que nos delaten! Las colonias ultraterrenas son un invento. ¿Cómo alguien podría pensar que están en posesión de esa tecnología?

 

            He advertido a las comunidades alojadas en el gimnasio y en la biblioteca de mis observaciones sobre el comunicado. Me han dicho que, en lugar de preocuparme por traiciones improbables, debería intentar alterar el Compuesto K para producir otras variantes de comida: carne, por ejemplo. Antes que pudiera reír y decirles que no teníamos ningún organismo apto para el asunto, mencionaron el perro de Vera.

 

1/augustus/2045

 

Cité a Vera al sótano hace un par de días, pero nada resultó como esperaba. En un principio fue ecuánime, incluso comprensiva de nuestra necesidad de alimentos variados. Defendió, incluso, que su perro Guilles fuese parte del asunto, por aquello de donar una muestra mitocondrial y genética a ser implantada en un injerto de carne, para así propiciar una “clonación” in-vitro. Pero en cuanto di la espalda, en cuanto me vio relajar mis defensas, arrojó sobre mí el resultado de tantas noches en soledad y en perpetuo deseo de supervivencia.

 

El Compuesto K, en contacto directo con tejido humano, es como la llama de un soplete sobre metal: derrite la materia hasta enconarla en llagas. Casillas y otros compañeros de laboratorio acudieron a mi ayuda en cuanto hizo contacto con mi carne, pero no pudieron prevenir que me sumiera en la inconsciencia. Arroyo y Rossi, encargadas de la biblioteca y del arsenal de víveres, me han despertado hoy con la noticia de que Vera ha desaparecido de la academia. Lo que no me dijeron, y que Casillas luego me confesó, fue que lo más probable escapó mientras yo era salvada de la muerte.

 

Estoy boca abajo sobre una vieja camilla de hospital. Intento levantarme, pero sólo tengo la fuerza suficiente para asir el lápiz. Hace menos de veinticuatro horas, me extirparon un tumor enorme del vientre; había crecido rápido, tan y tan rápido, que por poco me quiebra los huesos del costillar derecho. El supuesto tumor ahora yace en la camilla paralela a la mía: llora y grita desde su cuerpo de piel verde pálido. Sé, sin pensarlo dos veces, que se alimenta de forma clorofílica. Sé también que tiene los pies arqueados, como yo.

 

6/agustus/2045

 

He logrado incorporarme y dar un par de pasos con un bastón de tubo, pero ese pequeño triunfo sucumbe a lo que está aconteciendo en Julián Assange. No soy la única que ha sufrido el contagio. Mis compañeros de trabajo han clausurado el sótano, y a pesar de que no me culpan por lo ocurrido, evitan acercarse a mi habitación o a mi mesa en la biblioteca. Casillas ha producido un supuesto antídoto a la Epidemia K, pero la gente no ha dejado de requerir múltiples “extirpaciones”. Estamos bien alimentados, pero los “inquilinos clorofílicos” ocupan, según ellos, mucho espacio.

 

No aceptan que lleve a mi hija/hijo conmigo a todas partes. No comprenden, tampoco, su sistema de alimentación clorofílica. Casillas me ha informado que estamos en cuarentena forzada, por una supuesta orden de ataque del gobierno, y que no es seguro salir a bañarse con rayos de sol. He traído a mi niña/niño a la habitación, con la esperanza de que los rayos del sol de alguna forma penetren por la ventana. En cuanto la/lo coloco en su cajón de plástico en el alféizar de la ventana, escucho un eco venir de afuera.

 

Un ejército inaudito de gigantes verdosos ha rodeado el perímetro de la escuela. Oxidados tanques de guerra ruedan tras ellos: traen gritos y disparos. Puede que traigan a Vera, pero eso ya no importa. Mi niño/niña se retuerce, se estremece cada vez más pesado y grande entre mis brazos. Pienso en la guardería improvisada en el primer piso. Me pregunto qué pensarán de mí si les pido que suban a los recién nacidos a la superficie.

 

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