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Historias para nunca olvidar: Carteándonos

March 6, 2017

 

Hace algún tiempo atrás, cuando tenía 11 años, envenenaron mi perrito satus portorricensis de raza, leal compañero, negro como la noche con un lunar blanco en su pecho. Níger fue más que un perro para mí. Fue mi confidente, mi amigo, nunca me criticó, siempre me recibió con un rabo que se movía tan rápido que parecía que habían tres en él. Lo envenenaron y cuando lo encontré muerto sentí que mi vida quiso escaparse con él. 

 

Mi madre me reprendió en mi desesperada depresión porque él no era un ser humano y yo no debía llorar por él. Queriéndolo eternizar le escribí un poema que junto a una carta envié a la revista Billiken. Como dicha publicación se leía en América Latina recibí consuelo de muchos chicos y chicas. Tras intercambiar cartas con muchos de ellos me quedé escribiéndole a Andrea y Viviana de Argentina; y José de Guatemala. Tras descubrir que la mamá de Andrea escribía las cartas, sólo seguí carteándome con José y Viviana. Un día recibí esta única carta de José explicándome cómo en su vecindario los chicos de su edad eran admitidos en el ejército y que ya él debía ser parte de eso... quedé con el corazón en pedazos y nunca más supe de él. Ya yo tendría 12 años y no podía entender cómo ir a la guerra era un paso más de vida, algo ya esperado a su edad. Aprendí que las bendiciones de no vivir en la guerra son muchísimas, que tener opciones no se debe considerar una garantía, sino algo que estamos obligados a apreciar y a defender, que el mundo que conocemos y como lo conocemos no es el mundo, es solo tu mundo y el que has podido y te has permitido conocer. Claro, hasta aquí llegaba mi conocimiento de mundo a los 12 años. No hubo ninguna experiencia de viaje fuera de mi Isla pero estos intercambios de carta eran una puerta a un mundo que hasta entonces ignoraba. Así José cambio mi perspectiva de vida y me enseñó una amarga realidad. 

 

Mi relación continuó con Viviana y creció. No creció solamente en intensidad y frecuencia, también creció como una familia. Su madre y padre eran parte de mi aprendizaje y enseñanza. Su hermana Sandra era también parte de mi familia. Tanto fue así que mi hermano Sergio y Sandra se comenzaron a cartear hasta crear una hermosa amistad. Una vez más fui aprendiendo y aceptando unas diferencias que nos enriquecen. Yo enviaba la carta a Vivi y ya tenía marcado en el calendario un aproximado de cuándo recibiría mi contestación. Así nos acompañamos al cine, los cambios de la adolescencia, y yo trataba de enseñarle inglés por correspondencia; !qué atrevida!, ...pero fue ella quien me pidió ayuda. Comencé a vivir en un residencial-educativo y de ahí sigo a la universidad. Estando en la Universidad me caso y le anuncio a Vivi que por ahí viene mi primer bebé. El primer regalo que recibió mi hija fue un osito que enviara Viviana desde Argentina. Luego, como suele suceder, se complican nuestras vidas con trabajo, matrimonio, hijos…y por circunstancias de la vida perdí esas cartas pero una década después Viviana me escribió a la casa de mis padres y restablecimos contacto.  Desde pequeña recuerdo haberme propuesto que si a mis cuarenta años no había logrado conocerle personalmente, viajaría a Argentina a conocerle; y así fue. 

 

Tuvimos nuestra primera conversación telefónica. Sentía corriente por todo mi cuerpo. Me temblaba el cuerpo entre la emoción de escucharle y tener la libertad de hablarle sin tener que esperar 40 días para recibir contestación. Y su acento, ah!, tienes que escuchar su acento. Así, compartimos nuestros correos electrónicos (viva la tecnología) y acordamos lugar, fecha y hora de encuentro. Yo parecía una quinceañera asegurándose que no faltase detalle para este esperado encuentro. Quería estar arregladita y bien linda por aquello de esa primera impresión positiva y no contaba con que mi secador de pelo no era compatible con el conector de pared. !Crisis! Pido que salgan a comprarme uno volando y ya estaba cerca la hora de que Viviana llegara. Tocan a la puerta y yo con mi pelo mojado abro (pensando que llegaron con el secador de pelos) y veo a una Viviana empapada. Nos abrazamos, lloramos y luego le cuento lo del secador y ella me dice que venía muy arreglada y le cayó un aguacero casi llegando al hotel. No paramos de reír.

 

 

Mi cumpleaños número cuarenta los celebré en Argentina entre Champagne, vinos y esa amiga especial que me trajo haber compartido una poesía. También nos reunimos con su familia para una exquisita parrillada en la casa de sus padres. Y hasta una de las tías pasó por la casa para darme un abrazo porque ya sentía que éramos familia. 

 

Atesoro esta amistad, y el recuerdo alegre que logró fomentar en mi vida saber que los retos de la adolescencia, maternidad y del amor no son exclusivos. Aprendí a respetar y desear conocer más sobre otras culturas y costumbres. Aprendí a celebrar las diferencias, pero ante todo, que una amistad, no importa la distancia, puede ser para toda la vida.

Sobre Lourdes N. Cruz
 
Lourdes Cruz trabaja en valoración de bienes raíces desde hace más de 20 años. Tiene conocimientos en valoración, así como en inspección de calidad de vivienda. Ha trabajado valorando para la banca, tribunales, y consultarías privadas. Actualmente es la presidenta del Appraisal Institute, Capítulo de Puerto Rico y el Caribe.
 
En Puerto Rico sustenta altas calificaciones, así como designación MAI con el Appraisal Institute, quien es la institución que provee designación a esos miembros que han demostrado por medio de preparación académica, conocimientos, exámenes y experiencia, tener los conocimientos para valorar propiedades complejas.  Para más detalles de preparación y experiencia de Lourdes Cruz puede visitar el siguiente enlace: www.lourdescruz.net/resume.
 
Lourdes tiene experiencia valorando terrenos vacantes, casas, unidades de condominios, edificios comerciales, oficinas, y muchas otras propiedades especializadas. Si desea los servicios de valoración de bienes raíces o consultoría, puede contactarnos en tasadoresLCA@gmail.com o llamando al 787-609-6633.

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