El capitán (Parte III)

January 3, 2017

 

Un beso del Capitán engendró algo en mi interior que él nunca entenderá. El Capitán me dio un beso lleno de dulzura transmitiendo su bondad y caballerosidad, sin imaginar lo que en mí desató. Años pueden pasar en mi vida en el agua, siempre es fresca y muy libre, pero jamás pensé que podía sentir tanto con un dulce beso. Si lo describo como lo siento, el mar se quedaría corto y sus profundidades no hallarán fondo. Pero en pocas palabras puedo descifrar que simplemente lo que sentí, electrocutó mi ser.

 

Ser compañera de las especies en el océano, amiga de peces coloridos y viajar con mis amigos los caballitos del mar, es parte de mi diario vivir. Y pensar que en una embarcación con redes de miel pude hallar el amor, no es nada común y ni siquiera se escucha en las líricas de alguna canción. El Capitán llenó mi ser de luz, mi cuerpo se erotizó, mi corazón no palpitó porque ese beso me enloqueció. En mi mar no había nadie más feliz que yo; nadé y nadé desde arrecifes hasta un sin fin de lugares sin apenas notar que me rodeaba. Mi grasa se derritió, mi piel se ruborizó, el gris se intensificó, mi nariz ancha y ordinaria se compactó y mis cortas aletas se movían como un acordeón.

 

¡Un Capitán de sol, sal, arena y sirenas con un hermoso corazón! Quisiera hablarle para que entendiera lo que vivo yo. Días y noches nadaba esas aguas para volver a ver al dueño de mi corazón. Días y noches esperaba a escuchar nuevamente el ruido de ese motor. Ese ruido que no olvidaba porque era la embarcación con las redes de miel que le rodeaban, dónde se enredó mi cuerpo y se liberó mi corazón. El Capitán querido en mar y tierra, pero también amado con devoción. ¡Cuánto quisiera que entendiera todo lo que vivo yo!

 

Una tarde de muchas de esas, en las que los que comparten con él la Creación, estaban disfrutando de una fiesta en su embarcación, lo veía desde lejos y de momento entró al agua y por primera vez observé su cuerpo humano, blanco y bronceado... comenzó a nadar sin dirección, su cuerpo se deslizaba en el océano donde vivo yo. No podía dejar de mirar su cara seria y concentrada, en las brazadas y su respiración. Yo nadaba cerca, pero él no notaba mi presencia, ni siquiera le perturbaba mi fijación. El Capitán nadaba y nadaba y yo me revoloteaba con todo mi peso y sin ningún pudor. Nadar cerca de él, me causaba una emoción porque le soñaba y le pensaba, que él nada a mi lado con sus ojos abiertos y rozaba mi cuerpo de ocasión en ocasión.

 

Sí, le soñaba porque en sueños, sólo en sueños lo podía tener yo.

 

 

Así pasaron muchas mañanas, tardes y noches observando amaneceres y atardeceres en mis aguas, imaginando su cuerpo cerca del mío, nadando a mi lado, acariciando mis bigotes y mirando a mis ojos con la luz que emana de los suyos.

 

El Capitán de sol, sal, arena y sirenas navega lejos y también cerca, quisiera que entendiera lo que siento yo. En mi hábitat notaban mi ausencia, porque me alejaba para encontrar su embarcación. Pasaban días, semanas y meses y llegaron hasta el año, todas las veces que le busqué yo. Se rumoraba que estaba de viaje, fuera del área, pero cómo lo podría saber yo. Mientras el tiempo pasaba, yo escribía en el fondo de arena con caracoles, fósiles y cualquier perla suelta, palabras y/o letras para componer cualquier canción: Capitán vuelve a mis aguas, aquí te espero yo.

 

 

Capitán han llegado otras sirenas, quizás las quieras conocer y te las puedo presentar yo. 

Capitán vuelve a mis aguas, necesito ver tus ojos y escuchar tu voz. 

Capitán no soy sirena pero que no haría para que veas mi corazón. 

Capitán vuelve a mis aguas, aquí te espero yo.

 

No era fácil extrañarle tanto pero, ¿qué podía hacer yo?

 

El Capitán hizo perderme con un simple beso que me regaló, pero la realidad de ésto es que ese momento fue mi primera vez; jamás pensaba que un simple beso en este cuerpo añejo me hiciera sentir ser una hermosa, brillante pero como siempre impetuosa manatí. Sintiendo cosquillas que mi pez espada nunca me hizo sentir.

Aquí terminaré mis pausas, porque su esencia y presencia siempre estarán en mí.

 

Pero dicen los sabios de mi mar adentro que en este mundo con agua o sin ella, cuando el amor en la vida llega, nunca tendrá fin.

 

Capitán vuelve a mis aguas, que aquí siempre te espera un sencillo manatí.

 

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