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Perdiendo la hombría

October 17, 2016

 

Me hace reír cuando encuentro personas que me dicen que eso de estar en actividades de la lucha feminista es cosa de patos (para las amigas lectoras no puertorriqueñas, pato es una forma peyorativa de referirse a un homosexual). Sin contar que ninguno de mis detractores usa un término correcto para la comunidad gay, me río porque no entienden que no hay nada más masculino que esta lucha.

 

Como en muchas otras sociedades latinoamericanas, el concepto del macho, de la hombría, está fundamentado en perspectivas retrógradas que nunca tuvieron justificación, las cuales solo fueron sustentadas con la fuerza y la ignorancia. Lo que no conocen ni reconocen los que defienden el machismo es que esa forma de actuar ha redundado en muchísimos problemas para las sociedades que las practican. Podemos dar varios ejemplos de ello, pero usaremos uno solo: Puerto Rico.

 

¿Cuál ha sido el balance de la educación machista en nuestra isla? Retroceso, estancamiento y problemas. Relegar a la mujer a un segundo, tercero, inexistente plano o, peor aún, maltratarla en cualquier forma, solo ha logrado que no hayamos podido aprovecharnos de una mina con recursos valiosísimos para nuestra sociedad. Y es porque ninguna sociedad puede mantenerse en pie si se carga hacia un solo lado. Es lo mismo que usted trate de cargar un saco de 250 libras en uno de sus hombros sin hacer balance del otro hombro. La ley universal dicta que se caiga patas arriba, que ese peso le empuje hacia el piso.

 

Si los efectos son tan negativos, ¿por qué es tan difícil que los hombres reconozcan que la igualdad es beneficiosa para ellos? La razón más sencilla es una: miedo. El machismo está fundamentado en el miedo. Pero, al igual que “El Cuco” (Coco, Hombre del Costal, Viejo del Saco), la razón para temer no existe. Ser machista es igual que creer en sirenas, monstruos marinos, Bigfoot o un político. Es una zanganá inexplicable.

 

El machismo le hace daño a nuestra integridad personal. El machismo le hace daño a nuestros familiares, amigos y conciudadanos. El machismo le hace daño al país.

 

Perder la hombría es levantar la mano contra una mujer, vejarla o impedir su progreso. La estupidez colectiva de negar una educación de igualdad a nuestros niños y niñas es lo que nos tiene metidos hasta el “ñú” en desbarajustes familiares, sociales y económicos. Ningún hombre que se precie de serlo puede sustentar un sentimiento o una acción machista. Nos crecemos solamente cuando comprendemos y luchamos por la igualdad, porque todos piensen y actúen como debe ser: hombre es igual a mujer.

 

Me dicen que “esas son paterías” creyendo que me insultan. ¡Si supieran!

 

 

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