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Insularismo

September 5, 2016

Vivimos en una isla; una isla pequeña. Pero no estamos indefensas y solas…

 

 

 

Me encanta el tema del insularismo porque para las puertorriqueñas (y para cualquier isleña del mundo) la palabra tiene un significado dual: la realidad de vivir en un lugar rodeado de agua por todas partes y geográficamente apartado de otras personas o sociedades; y la mentalidad de sentirse separada, como persona, grupo o sociedad, de otras personas, grupos o sociedades.

 

El primero, sentirse aislados como sociedad, es un tema al cual le hemos dado bastante tinta y que sigue irresuelto. La realidad es que el sentimiento insularista puertorriqueño es causa de muchos dolores de cabeza y mucho estancamiento social, económico y político en Puerto Rico.

 

El segundo, especialmente en su característica personal, es un problema mucho más terrible. Cuando asumimos en nuestro carácter personal la mente insularista, nos colocamos en una posición desventajosa ante los problemas que enfrentamos a diario. Este tipo de insularismo se caracteriza generalmente por vivir en la inmediatez, por atender y tratar de resolver los problemas que tenemos de frente y dejar a un lado los asuntos y las luchas colectivas que pueden generar cambios profundos en la sociedad y, por ende, en nuestra propia situación de vida.   

 

La mentalidad de la inmediatez, aunque comprensible para muchas de nosotras que cargamos con las responsabilidades de dos, tres o más personas en nuestro entorno familiar, provoca que aumenten las dificultades de unión y re-unión que posibilitan la lucha por nuestros derechos. Asumimos, correctamente, que la solución de nuestros problemas está en nuestras propias manos, pero olvidamos que muchos de esos problemas se repiten en otras mujeres como nosotras porque no nos hemos unido para resolverlos juntas.

 

La solución para el problema no es fácil. Parafraseando a un destacado líder mundial: “El que tiene que comer no puede darse el lujo de perder su trabajo por un acto de rebeldía.” Esa es la realidad y por eso debemos atacarla de otra forma. No es necesario que tomemos solas en nuestras manos la lucha y la rebeldía ante la injusticia. Eso requeriría demasiado tiempo y esfuerzo, amén de tener pocas posibilidades de triunfo. Las sociedades y los sistemas cambian cuando tienen la fuerza de un gran sector del pueblo.

 

Eso no quiere decir que la solución no pueda comenzar por cada una de nosotras; quiere decir que cada una de nosotros debe sacar un poco de su tiempo, hacer un sacrificio, por unirse a otras mujeres y juntas comenzar esa lucha. Poco a poco irán uniéndose otras mujeres que viven los mismos problemas y hasta hombres que reconocen esos problemas, para convertirse en el tipo de movimiento que genera cambios.

 

La pregunta que debemos contestar es: “¿qué puedo hacer yo para cambiar este sistema de vida que ya no me gusta, que no me representa, que no me da oportunidades de salir adelante? Curiosamente, las respuestas son más fáciles de lo que pensamos. He aquí algunas de ellas:

 

  1. Prioriza. Saca un poco de tiempo en tu día para definir cuál es el problema. Investiga, busca en internet, reflexiona sobre lo que estás viviendo y cómo te afecta en tu vida diaria y en tus planes para el futuro.

  2. Busca apoyo. Ya que conoces el problema que te afecta, busca a otras personas que están pasando por lo mismo o que ya se han formado en grupos u organizaciones para atenderlo. En internet puedes encontrar muchísima información sobre estos grupos. Si no encuentras uno en Puerto Rico, puedes comunicarte con grupos similares en otras partes del mundo, quienes de seguro te ayudarán a encontrar grupos locales o a formar el tuyo propio.

  3. Levanta tu voz. Además de utilizar las redes sociales para hablar con amistades o poner memes y fotos, lleva tu mensaje en los distintos foros que reúnen a otras mujeres o que luchan por nuestros derechos. Te sorprenderás cuando veas el impacto que comienzas a tener en tus amistades y hasta en desconocidos. El apoyo comenzará a llegarte de muchos lugares insospechados.

  4. Decídete. Piensa: ¿cuánta importancia tiene para mí resolver este problema? Si la contestación es “mucha”, entonces comienza a separar cada vez más espacio en tu agenda para luchar activamente en la solución del mismo. Puedes comenzar dejando a un lado un programa de televisión que no aporta nada en tu vida, o una noche de jangueo, o las tertulias con compañeros y amigos que no tienen ninguna consecuencia. Recuerda que el sacrificio que hagas ahora podría representar una mejoría sustancial en tu vida para el futuro. A fin de cuentas, ¿ es realmente más importante Fatmagul o Pokemon Go que la igualdad de salarios para hombres y mujeres en tu empresa?

  5. Exige. No te quedes cruzada de brazos a la hora de exigir tus derechos. Los funcionarios públicos tienen el deber de escuchar tu voz y trabajar para corregir las injusticias. Para eso les pagamos un salario. Igualmente, aquellos que están en posiciones aventajadas social y económicamente, ya sean personas o corporaciones, tienen el deber moral de exigir que acaben los abusos y la desigualdad. No pueden quedarse impasibles ante la injusticia cuando es sobre esa injusticia que descansa su posición aventajada.

  6. Únete. Una vez te conviertas en esa luchadora por tus derechos, no pases por alto la realidad de que hay otras que como eras tú al principio, piensan que no pueden solas con la carga. Invítalas a unirse a ti y a tus grupos, o a buscar sus propios grupos de apoyo. Tu envolvimiento, como dice Olafur Eliasson, tiene consecuencias. No pierdas una sola oportunidad de luchar para que otras comprendan que tiene la fuerza y el apoyo para salir de sus problemas y alcanzar el éxito. Tu grandeza no se medirá solamente por lo que hayas alcanzado, sino por lo que hayas hecho para que otras también alcancen sus metas.

 

Los problemas que enfrentamos son grandes porque nos sentimos y actuamos como islas apartadas. Si cada una de nosotras toma la decisión de abandonar el insularismo de la inmediatez, entiende y practica la lucha por los derechos, y busca apoyar a otras para que también lo hagan, la fuerza creadora que generaremos será indivisible, indestructible e indomable. 

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