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Sin cuentas...

August 8, 2016

 

Hasta hace relativamente poco tiempo pensaba que la vejez es algo que le pasa a otras personas… No a mí. Este sentimiento era sostenido a su vez al ver a mis padres – Papi de 86 años y Mami de 78 – que no aparentan su edad.  Por lo tanto, entendía que genéticamente estaba bendecida.

 

Pero una cosa es no verse viejo y otra no sentir el peso de los años.  Ay Dios, ¡qué diferencia hacen 10 años!  A mí me encantaron mis 40. A todos les decía que eran maravillosos. Me sentía súper bien, mi cuerpo aún estaba en forma y al mismo tiempo había llegado al hermoso momento donde me importaba poco lo que pensaran los demás. Dichosamente casada y con una hija adolescente saludable, estudiosa y con la cual podía conversar.  ¡Para mí, es la edad perfecta para una mujer!  ¿Qué más podía pedir? Y entonces…cumplí 50 ---  y así, poco a poco, he ido notando el cambio. 

 

Es difícil explicar cuál es el cambio al que me refiero.  No es una cosa específica. Le pregunté a algunas de mis amigas en la misma edad qué les había sorprendido de llegar a los 50. A continuación los resultados de mi ultra-mini encuesta:

 

El cuerpo - la sorpresa de cuán diferente se “siente” y se ve nuestro cuerpo a los 50 vs. los 40.  Rollitos y dolores donde nunca antes lo había.  ¡Pum!  Así, de repente.

 

La psiquis – la conciencia de que queda mucho menos tiempo de vida… No es que una sea pesimista – es que matemáticamente eso es lo que hay.  Y con eso, la reflexión constante de ¿qué quiero ser cuando sea vieja?  No grande, porque ya lo soy – de vieja. ¿Qué quiero? Más aún, que NO quiero…  ¿Por qué estoy haciendo lo que hago?, ¿Qué cosas ya no estoy dispuesta a soportar de mi trabajo, de mis relaciones, de la vida? 

 

Aún estoy en proceso de descubrimiento. Unos días quiero reinventarme completamente: renunciar a mi trabajo, dedicarme a servicio comunitario, irme de viajes con mi hija y esposo por un año por el mundo, abrir un negocio… Otro día, me asusto y quiero seguridad económica para que mi hija pueda lograr sus sueños y no tener que preocuparse por nosotros.  Pero lo que no cambio, por nada, y lo que me encanta de tener esta maravillosa edad es la satisfacción de mis logros personales y profesionales, las experiencias vividas, el caudal de amigos hechos hace 20 y 30 años que aún son parte de mi vida, los nuevos amigos que se unen – no por interés ni casualidad sino por elección mutua, y la libertad que me brinda la seguridad de las experiencias adquiridas. Vivir sin cuentas… Solo deberme a mí, a mis seres queridos y a mi misión de vida.

 

 

 

 

Daisy Aguilar Guzmán es una amante del aprendizaje.  Le encanta leer, comer, reír, gozar y estar con su familia.  Como profesional de Recursos Humanos ha dedicado gran parte de su vida a dejar legados de desarrollo a donde quiera que va.  Es Coach certificada y feliz.

 

 

 

 

 

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